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Un refuerzo de la ética en el deporte

Un atleta popular.Foto: iker azurmendi

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l A práctica deportiva incorpora una serie de elementos que la hacen singular. El primero es que nosotros somos los protagonistas, el elemento central del asunto. Incluso cuando lo practicamos solos, lejos de cualquier observador externo, tenemos un reto que afrontar. Queremos quedar conformes con nosotros mismos. Y esto, en estas condiciones íntimas, exige sinceridad. Así las cosas, lo que a muchos nos llena en verdad no es realizar hazañas deportivas sino vivir el deporte, en armonía y conformidad con nosotros mismos. Utilizar el deporte para enriquecer nuestras vidas, para disfrutar, para cansarnos de otra manera, y para recuperarnos de ésa y de las otras fatigas del día. Y esto vale, o debería valer, para el chaval que juega en el colegio, para los adolescentes ilusionados con ser cada vez mejores, para los adultos que quieren cuidarse y para los veteranos que pretenden emular, o casi, sus propias performances de antaño. Quedar conformes con nosotros mismos.

Bien pensado, podría decirse que algo parecido ocurre cuando somos espectadores de un evento deportivo. No basta con que el equipo de casa gane el partido y se lleve los puntos; no basta con hacer un buen puesto en la etapa o en la carrera.

Los resultados y las clasificaciones, fundamento de páginas y páginas de comentarios en los periódicos y de horas y horas de radio y televisión, aderezados con todo un mundo de subnoticias que giran en distintas órbitas alrededor de estos resultados, no bastan. Queremos quedar conformes, y para ello valoramos el esfuerzo, la entrega, la inteligencia, la elegancia y la sinceridad de los deportistas. Nos gusta que la competición y los entrenamientos sean vistosos, elegantes y sinceros; que sean, como se decía de los antiguos juegos, bellos a los ojos de los dioses.

Una de los conceptos clave en el deporte, y en la vida en general, es el de superación. Pero superación, acción y efecto de superar y superarse , es un término que debe ser tratado con cuidado. Superarse a uno mismo es el objetivo personal de muchas personas, familias y colectividades. Sin embargo, superarse se confunde, sin querer o a sabiendas, con superar, que a menudo incorpora métodos poco nobles de competencia. Igualmente se confunde la excelencia, como punto de encuentro de la sabiduría y el comportamiento ejemplar y humilde, con esa otra excelencia, más en minúsculas, proclama de categoría superior pero aguada de las cualidades antes citadas.

La verdadera superación implica sinceridad y convencimiento, y ser consecuente con unos principios éticos. Incluso la mera intención de superarse a uno mismo es válida. Y lo es tanto en el deporte como fuera de él; y es aplicable tanto en el deporte de base como en el deporte de elite, tanto en los ciudadanos de base y en los ciudadanos de elite.

Gunnar Breivik, profesor y rector de la Universidad Noruega de la Educación Física y el Deporte, apunta en uno de sus escritos que El juego limpio y el comportamiento ético deben ser los referentes para promover la consecución de la excelencia deportiva, y para favorecer la creación de una nueva generación de líderes. Y en referencia al alto nivel, que El deporte de elite debería caracterizarse por el estilo y la ética incluso en sus niveles más extremos.

Hablamos de ética en el deporte y de ética en la vida, pero no como un simple discurso más o menos elegante, pero estático y vacío, sino como un estado dinámico que requiere compromiso, perseverancia y una práctica diaria consecuente.

En 1951, Albert Einstein, en un discurso dedicado a la Sociedad para la Cultura Ética de Nueva York, dijo No pienso tanto en los peligros que ha traído el desarrollo técnico de la humanidad sino en la proliferación de un tipo de mutua falta de consideración, de una manera de pensar matter of fact que se ha interpuesto como una capa de hielo entre las relaciones de los unos con los otros. La búsqueda de una estructuración ético-moral de la vida en común es de importancia vital. Aquí no nos puede salvar ninguna ciencia.

Nada puede asegurar más que el deporte sea elemento clave para las buenas relaciones de unos con otros, y un bálsamo para los roces diarios, que el verdadero refuerzo de sus valores éticos. Un refuerzo serio, suficiente para que estos valores esenciales puedan prevalecer a la tiranía de unos resultados que casi nunca reflejan el sentido mismo de la actividad deportiva.

* Doctor en Medicina. Especialista en Medicina del Deporte Fundación Oreki

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Lo que nos llena en verdad no es realizar hazañas, sino vivir el deporte en armonía con nosotros mismos
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