Editorial
Las reglas del juego
La experiencia demuestra que cuando el Parlamento Vasco aprueba por mayoría suficiente alguna resolución no siempre sirve para que sea atendida, ni mucho menos. No cabe duda de que la Audiencia Nacional hará oídos sordos a la petición que ayer se hizo por holgada mayoría absoluta de puesta en libertad de los dirigentes de Batasuna detenidos el pasado 4 de octubre cuando se encontraban reunidos en Segura. PNV, EA, EB, Aralar y EHAK apoyaron la resolución, mientras PSE y PP votaban en contra. La democracia impone unas reglas del juego basadas en derechos humanos elementales, y uno de ellos es el de reunión. A este derecho, a esta regla del juego, se referían ayer los proponentes de la resolución parlamentaria, ya que los dirigentes de la izquierda abertzale oficial fueron detenidos precisamente por haberse reunido, sin que conste que portasen armas ni conspirasen contra nadie. Resulta paradójico que quienes tantas veces apelan al respeto a las reglas del juego, es decir, a la normativa legal vigente, para vituperar iniciativas políticas que no les gustan, hagan alarde de tan inmensas tragaderas para aceptar como normal que las fuerzas policiales irrumpan en una reunión de carácter político y se lleven detenidos a los asistentes. No es normal que en una democracia asentada se encarcele a toda la dirección de una formación política, y menos todavía que se aproveche para hacerlo el momento en que los dirigentes se encuentran reunidos, menos aún cuando está por probar -y ya le costará- la tesis del juez Garzón de que 'todo es ETA'. Si las reglas del juego a las que aluden PSE y PP están para ser cumplidas, deténgase y encarcélese a cuantos se reunieron con ETA y con Batasuna, empezando por los representantes del Gobierno español. Los derechos democráticos están por encima de las coyunturas políticas y ninguna normativa legal puede vulnerarlos. El Parlamento Vasco así lo entiende, y por sensibilidad democrática exige la libertad de los detenidos porque estima que la decisión judicial ha sido arbitraria. No le harán caso, porque se acabó el alto el fuego, porque estamos en campaña electoral y porque la decisión del juez se acata, no se discute. Aunque el canalla que pateó a la ecuatoriana esté en la calle.