
Ribero-Meneses muestra la denuncia que ha enviado a la UNESCO, en la presentación ayer, en el Koldo Mitxelena. Foto: ruben plaza
Donostia. Después de años de investigación, debate y dudas sobre el origen del euskera, resulta que la cuestión es que el euskera es el origen. Ésa es, al menos, la tesis defendida por el filólogo e historiador Jorge María Ribero-Meneses, que asegura que "el pueblo vasco es el antepasado común de todos los pueblos europeos", "el único descendiente directo de los primeros homo sapiens conocidos" y el euskera, "la raíz de todas las lenguas habladas en Europa".
No es la primera vez que Ribero-Meneses enuncia estas ideas, pero, ayer, en la presentación en Donostia de dos libros que profundizan en estas ideas -El origen cantábrico del homo sapiens y La diáspora basko-kantabra, la primera de la Humanidad -, anunció además que la semana pasada presentó ante la UNESCO, el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas una denuncia "contra el Estado español" por, entre otros motivos, "boicotear y obstruir la divulgación de los descubrimientos históricos que confirman la primogenitura histórica del pueblo vasco y de su lengua". En el escrito, de once puntos, añade que se han "silenciado los resultados de las investigaciones genéticas, históricas y filológicas desarrolladas en su mayor parte por científicos europeos y norteamericanos" que avalan esta tesis.
civilización cantábrica A juicio de Ribero-Meneses, Asturias, Cantabria, el País Vasco, Navarra, La Rioja y la vieja Castilla burgalesa "han constituido, desde la Prehistoria un mismo país", en el que "siempre se habló una misma lengua de la que el euskera es su principal y más fiel heredera". El profesor vallisoletano reclama que se dote a esta zona -cuyo núcleo fundamental se situaría "entre San Vicente de la Barquera y Bilbao"- de "un estatus singular que salvaguarde su paisaje". En este sentido, denuncia que se mantiene a "centenares de yacimientos arqueológicos en el más absoluto abandono". "Una de las armas utilizada por el Estado español en su labor de destrucción del legado histórico de la civilización cantábrica, la más antigua del planeta, es autorizar la explotación de canteras o minas a cielo abierto", afirma Ribero-Meneses, que alude al Macizo del Dobra como uno de los casos más graves. También la "desquiciada política de construcción masiva de viviendas" y la "destrucción implacable del litoral" han contribuido a esta situación.
Por ello, reclama la creación de un "comité supranacional" que impida la "destrucción permanente de yacimientos fundamentales". El filólogo e historiador pide, asimismo, que la comunidad internacional comparta con los gobiernos de España y Francia la gestión de este territorio, que constituye "el más precioso e irrenunciable Patrimonio de la Humanidad".
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