Editorial
Peligrosos golpes de efecto
cuando se cumplen diez años del macrojuicio en el Tribunal Supremo contra los 23 integrantes de la Mesa Nacional de HB encarcelados, el mismo juez
Garzón
irrumpe nuevamente en un convulso mapa político con otra efectista operación que vuelve a poner entre rejas a toda la cúpula de Batasuna. Una operación tan aparatosa como jurídicamente débil y políticamente torpe, además de grave desde el punto de vista democrático. En 1997, la sentencia condenatoria fue tan insostenible -eso sí, políticamente muy efectiva para
Aznar - que el Constitucional se vio obligado a anularla. Ahora, una Batasuna en claro declive tras la frustración y desorientación que le ha dejado un proceso reventado por ETA, vuelve a ser descabezada por otra
garzonada . Esta vez, las necesidades electorales de
Zapatero y la presión a la que le tiene sometido la derecha política y mediática han condicionado el contexto. La utilización interesada de los poderes del Estado con fines políticos, el contrasentido que supone encarcelar precisamente ahora a quienes hasta hace poco han sido validados como interlocutores -muchos de los cuales han estado compareciendo públicamente como tales día sí día también- y, sobre todo, la posible vulneración de derechos fundamentales son un peligroso camino. Echar mano de métodos de dudosa legitimidad democrática para combatir actitudes antidemocráticas es una derrota de los mismos valores que se dice defender, porque abierta la veda, nadie sabe dónde se sitúa el límite. A su vez, Batasuna tildó ayer el encercelamiento de sus líderes de "castigo" y "venganza", un análisis que puede tener su lógica, pero que tampoco puede realizarse como si ETA no hubiera dinamitado el proceso de paz, como si no hubiera condenado a la propia izquierda abertzale a un callejón sin salida y, en definitiva, como si la vulneración de derechos civiles que denuncia
Barrena no estuviera ensombrecida por la amenaza de seguir vulnerando los derechos humanos más elementales de miles de personas. Y entre golpe de efecto y golpe de efecto -desde el reaccionario
el que la hace la paga esgrimido ayer por el portavoz socialista
López Garrido, hasta la pintada de
si queréis guerra, la vais a tener que apareció en las paredes de Euskadi-, la sociedad vasca, resignada y frustrada, vuelve a verse atenazada en un campo de minas y trincheras.