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Santi se despereza

Santi Pérez, corredor del equipo Relax, en la salida de la etapa de ayer.

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Fue mi despegue". Santi Pérez, un cuerpo de alambre acompasado a una voz como de terciopelo que raya una timidez exacerbada y despierta, así, sin ostentaciones, simpatía y curiosidad a partes iguales, guarda en un rincón selecto de su memoria aquella tarde de septiembre de 2004, el día que cerró de un portazo en el Alto de Monachil, camino de Granada, una vida a trompicones.

Ciclo negro, oscuro, fantasmal. Páramo desalentador en el que se adentró en 2002, en el Giro en el que marchaba segundo en la general tras ganar la octava etapa. Defendía entonces el maillot del Kelme. Con el equipo alicantino disputó su primera temporada completa en profesionales después de ganarlo casi todo con el Saunier Duval de Matxin en aficionados y de dar el salto a finales de 2001 con el Barbot portugués.

En aquella Corsa Rosa el asturiano disfrutaba ya pedaleando sobre su sueño a pedales. Una caída le despertó. Luego, volvió a dormir. Apareció en aquel páramo. Pesadilla.

El Tour de aquel mismo año le volvió a mostrar la dureza del asfalto. También le dejó un recuerdo: una manada de dientes de metal clavados en su pierna. Fin a la campaña. Regresó a casa sin saber que Murphy, el de la Ley, se había hecho con los hilos de su vida. Todo puede ir a peor. Santi Pérez lo supo en noviembre de 2002, cuando su novia Vanesa murió en un accidente de coche mientras volvía de la Universidad de Oviedo. Santi se abrazó a la desdicha. Amante inesperada. Soledad.

Al corredor le costó levantar cabeza. Álvaro Pino se lo llevó al Phonak ese mismo invierno tras pagar la cláusula que le ataba al Kelme, pero éste, sumido en la depresión, no acababa de encontrarse. Otra caída en el Tour. Perro flaco. Hasta la Vuelta a España de 2004. El asturiano creyó atisbar un halo de luz a lo lejos y acertó a identificar una puerta. Se acercó a ella en Calar Alto, donde fue segundo tras Roberto Heras. Allí la abrió, y días más tarde, en Monachil, camino de Granada, la cerró, tras de sí, de un portazo. Despegó. Antes de hacerlo se giró por última vez y vio el páramo. Sonrió. Adiós.

Otros dos años en el infierno "Tengo un recuerdo grato de aquello. Me hace ilusión volver a estar en esta carrera y regresar a Monachil, a Granada. Será una etapa importante, seguro. En Granada cambié mi mentalidad en la Vuelta de 2004 y Vinokourov hizo lo propio el año pasado".

Tres años han pasado desde que Santi Pérez ganara en la ciudad andaluza. Dos tercios de ellos los ha vivido en el infierno. ¿Se acuerdan de la puerta que cerró de un portazo? No se llegó a cerrar del todo. Quedó entreabierta. Tras la de Granada, ganó otra etapa de esa Vuelta y casi le quitó a Heras el maillot oro. Fue segundo en Madrid. Felicidad traicionera, con espinas. Pasajera. Un positivo por homotransfusión le dejó, de nuevo, con una maleta de escombros en la mano, sobre el felpudo de su segundo hogar: el páramo. Pero ya no lo era; se había convertido en infierno.

"Sí, claro que lo pasé mal. Fueron dos años de infierno en los que sólo podía ver las carreras por la tele", explica el asturiano, quien después de cumplir la sanción volvió a colocarse un dorsal que colgó del maillot del Relax, su actual equipo, a principios de este año. "¿Olvidarlo todo? No, claro, olvidar nunca se olvida, pero uno trata de dejar el pasado de lado, porque si no es imposible avanzar, seguir luchando en la carrera de la vida", explica el corredor, quien desvela que en esos dos años jamás se desanimó. Nunca abandonó la bici y siguió entrenando. Maillot cicloturista. "Dos años se hacen largos, aunque ahora mire para atrás y me parezca que se han pasado volando". Deshielo. Otra vez primavera.

Empezar de cero Volvió Santi Pérez a la competición a principios de año y reconoce que ha sido más duro de lo que esperaba. Dice Bernd Schuster, entrenador del Real Madrid, que los grandes futbolistas se hacen los fines de semana, en los partidos. Hay un abismo entre el fútbol y el ciclismo, no se parecen en nada, excepto en eso: la competición curte tanto a ciclistas como a futbolistas, les hace profesionales.

El asturiano lo ha comprobado. "Estoy satisfecho de la progresión que he tenido este año, pero es cierto que me ha costado coger el ritmo, en cierto modo, porque no recuperaba bien de un día para otro", reconoce, y rescata de su timidez simpática una gota de optimismo que suena a redención, a revancha: "Esos dos años parado fueron un infierno, pero confío en que, al menos, me den algo más de vida. No he castigado a mi cuerpo mucho hasta ahora, así que creo que me queda cuerda para rato. ¿Si volveré a tener el nivel de 2004? No lo descarto, pero todavía es algo pronto para pensar en eso", asegura el corredor, asturiano, quien considera "un gran paso" poder estar en la presente Vuelta. Como un resurgir. De cero. Santi se despereza.

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"Si volveré a tener el nivel de 2004? No lo descarto, pero todavía es algo pronto para pensar en esas cosas"
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