
Tribuna Abierta
Bien flaco servicio prestan a Josu Jon Imaz los partidos y los medios de comunicación asentados en la capital del Reino con las encendidas loas que están cantándole en su anuncio de retirada.
Es muy mala cosa que te alaben aquellos que se supone que deberían ser tus oponentes. Lo he dicho muchas veces hablando de Santiago Carrillo: si la plana mayor del anticomunismo español lo ascendió a los altares y en ellos lo mantiene -bien remunerado, por cierto- presentándolo como gran patriota y fino estratega, es porque le agradecen los servicios prestados. Si no, de qué.
Es aquello sobre lo que Augusto Bebel padre, el fundador de la socialdemocracia alemana, reflexionó en cierta ocasión en voz alta cuando la prensa burguesa de su país le dedicó importantes lisonjas: "¡Ah, viejo Bebel!", exclamó. "¿Qué tontería habrás hecho para que esa gentuza te alabe?"
La prensa de Madrid califica a Josu Jon Imaz de "pactista". Como si ser pactista fuera per se una gran cosa. Digo yo que pactar estará mejor o peor según sea el pacto del que se trate.
El PNV ha sido siempre un partido dispuesto a la negociación y el pacto. Con todo bicho viviente. También con los gobiernos de Madrid. Durante la lehendakaritza de Xabier Arzalluz, pactó a diestro y siniestro. Bastante más a diestro que a siniestro, a decir verdad. El PNV gobernó en Vitoria con el PSOE y votó la designación de Aznar para inquilino de la Moncloa. Si eso no es pactismo , que venga Dios y lo vea.
Lo que ahora se debate dentro del PNV no es una cuestión de predisposición abstracta a los pactos, en general, sino un asunto de línea política concreta. Los hay que creen que, para conservar las altas cotas de poder que tienen hoy en el entramado social vasco, lo que más les conviene es llegar a un entendimiento con el PSOE, como el que funcionó (es una manera de hablar) en los tiempos de José Antonio Ardanza, y los hay que consideran que pueden mantener su hegemonía apoyándose en el juego de alianzas que fundamenta el actual gobierno de Ibarretxe. Dicho sea simplificando mucho.
En la discusión sobre la tan traída y llevada transversalidad se dirime muy poco de filosofía pura. La prueba de ello es que, a la hora de afrontar la coyuntura política navarra, tanto los tirios como los troyanos del PNV apostaron por el pacto entre NaBai y PSN. Si gobernar con los socialistas fuera un crimen de lesa patria, lo sería tanto en Vitoria como en Pamplona.
¿Modernos contra soberanistas ? Ni los llamados soberanistas están tan en las nubes como algunos comentaristas capitalinos pretenden, ni los del supuesto aggiornamento sobre los que ayer pontificaba un diario madrileño están tan pegados a la realidad como sostenía ese oso amigo dedicado a dar abrazos mortales.
Coincido con el discurso de Josu Jon Imaz en que las soberanías, las fronteras y la entidad concreta de los estados-nación tienen en la Europa de hoy un significado muy distinto -y mucho más restringido- del que poseían apenas hace unas décadas. Eso es casi una evidencia. Pero coincido también con Ibarretxe en que, si fuera tan abrumadoramente cierto eso de que las soberanías nacionales se han diluido en el seno de la UE hasta volverse casi insignificantes, nadie debería objetar nada a que Euskadi alcanzara un reconocimiento internacional semejante al que tiene, por ejemplo, Luxemburgo, pequeñísimo estado de entidad nacional más que imprecisa. Eppur …
Hay mucho analista central que habla dando por hecho que la designación de Imaz como presidente del Euskadi Buru Batzar del PNV fue resultado del apoyo mayoritario que obtuvo en la organización jeltzale de Bizkaia, que es, con mucho, la más numerosa del Partido Nacionalista. Sin embargo, a mí me han contado -sin convencerme, porque carezco del conocimiento directo necesario, y soy como Santo Tomás- que el triunfo de Imaz se debió al sistema electoral interno que tiene su partido, en razón del cual un candidato puede resultar electo a pesar de estar respaldado por menos militantes que su oponente.
Yo no descartaría que Imaz haya hecho cuentas de cara a la próxima Asamblea Nacional del PNV, con cita en diciembre, y que su decisión de no presentarse a la reelección sea el resultado de ese cálculo.
Dicho lo cual, no oculto que a mí siempre me ha caído bien. Imaz es un hombre discreto, educado, que no levanta la voz, que no sólo habla, sino que también escucha, y que tiene sentido del humor. Si me toca discrepar de alguien, prefiero cien mil veces que sea así.
Pero la política no es asunto de simpatías personales. Como Arzalluz me dijo en cierta ocasión hablando de un político español de alto copete: "No se trata de que me guste. No tengo ninguna intención de casarme con él".
Durante su periodo de jefatura en la formación jeltzale, Imaz se ha ganado un montón de pretendientes en la Villa y Corte. Ha tenido a tope el carné de baile. Todos los cortesanos lo han cubierto de piropos. Pero los bailes de la alta sociedad tienen eso de malo: hay un triste momento en el que se acaba la fiesta, la Cenicienta tiene que volver a su casa para afrontar la dura realidad doméstica y la carroza retoma su vieja y desagradable forma de calabaza.
* Periodista
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