
Josu Jon Imaz, durante la clausura del ciclo de conferencias 'Galizia, Euskadi, Catalunya'.
CUATRO años al frente del Euzkadi Buru Batzar del PNV pueden parecer pocos para marcar una impronta política, pero ni sus mayores oponentes niegan que Josu Jon Imaz lo haya conseguido. En ese período de tiempo, muy breve desde el punto de vista histórico, el líder abertzale ha hecho gala de una forma muy personal de entender la política, caracterizada por el respeto al adversario, la defensa del entendimiento entre las grandes culturas políticas del país y los principios firmes frente al terrorismo de ETA.
Y lo hizo desde el primer momento. Imaz se estrenó en su cargo el 18 de enero de 2004, con el discurso de cierre de la IV Asamblea General del PNV, celebrada en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Después de un proceso interno convulso, trufado de tensiones y encontronazos, defendió ante todos sus compañeros de partido "una nación cívica, de ciudadanos libres, que compartimos presente y que queremos construir el futuro juntos, que tenemos derecho a expresar libremente nuestra voluntad y a construir sobre ella nuestro status político". Esa "patria abierta e integradora" debía servir "para construir Euskadi en el siglo XXI" y, por ello, no podía ser "ni defensiva ni construida frente a nadie, sino solidaria con los demás".
Aquella intervención pareció mar-car un nuevo estilo en el PNV, im-pulsando una tradición pactista que ha sido una de las principales señas de identidad de la formación jeltzale en su historia centenaria. Eran tiempos en los que parecía muy lejana la posibilidad de una nueva intentona en favor de la paz. Casi dos años más tarde, con Zapatero ya en la presidencia del Gobierno y con una izquierda abertzale que decía apostar por un nuevo escenario tras la presentación de la propuesta de Anoeta, justo el 24 de noviembre de 2005, en el Foro Nueva Economía de Madrid, Imaz compareció para disertar precisamente en torno a la paz y la convivencia en Euskadi. En ese escenario, Imaz recalcó que "un final dialogado significa salida democrática, apelación a todas las posibilidades que permita el ordenamiento jurídico, de manera que perciban sus virtualidades abiertas, de no cerrar caminos", así como "separar con nitidez el diálogo con una organización terrorista del diálogo político sobre el que se construya el futuro de la sociedad vasca".
Dos meses después, en enero de 2006, al cumplirse cien días de la aprobación por unanimidad en el EBB del documento Elkarbizitzarako bake bideak con el que el PNV afrontaba la normalización política Imaz reiteraba "el compromiso en la radical incompatibilidad entre violencia y política". Convencido de que "la ciudadanía percibe claramente que la negociación política debe abordarse sin violencia, una vez desaparecida la misma", hacía hincapié en que "la negociación pa-ra llegar a una acuerdo entre las diferentes sensibilidades del país debe llevarse a cabo sin violencia, porque coarta la libertad de opinión y niega la democracia, porque es difícil negociar con una pistola enfrente". Eran principios que, al no ser asumidos por la izquierda radical, terminarían arruinando el proceso.
acuerdo amplio En esas mismas fechas, el político de Zumarraga defendía la imperiosa necesidad de "buscar un acuerdo amplio, que integre las diferentes identidades y sensibilidades que vivimos en este país, respetando la decisión de la sociedad vasca". "Una decisión que deberá ser necesariamente integradora, porque nos jugamos el futuro de una Euskadi moderna y cohesionada", agregaba Imaz.
El 30 de junio, ante el anuncio del presidente Zapatero de que iba a activar los mecanismos para entablar un diálogo directo con ETA, el máximo dirigente del PNV abundaba en que "la paz no debe estar vinculada a proyectos o principios políticos concretos", porque el respeto a lo que los vascos decidan "es incompatible con la vigilancia o el condicionamiento que pretenda ejercer una organización armada".
Ya en 2007, en febrero, Imaz escribió acerca de una de sus grandes pasiones, la construcción europea, y lo hizo pidiendo "soñar con una Europa unida, una patria común, respetuosa con nuestras naciones, culturas y lenguas", porque "es la garantía de la paz, la seguridad, el bienestar y la libertad".
El 15 de julio, este diario publicó un artículo del presidente jeltzale, escrito bajo el epígrafe No imponer, no impedir , que levantó una gran polvareda por fijar una posición nítida ante una hipotética consulta popular en Euskadi. En él, recordaba que "no imponer garantiza la aceptación, en clave de integración política, de la voluntad de la sociedad vasca, pero a su vez limita a la mayoría nacionalista", mientras que "no impedir supone dar cauce al reconocimiento jurídico y político de las decisiones adoptadas, limitando a su vez las mayorías de los partidos de ámbito estatal en las Cortes Generales". Tras dejar claro que cualquier referéndum exigía ausencia de violencia, Imaz subrayaba que "una consulta ciudadana planteada como escenario de acumulación de fuerzas para una confrontación política es muy discutible, y desde luego contraria al espíritu y a la letra de la posición del PNV".
El 25 de agosto de este año, Imaz publicó otro artículo, titulado Radicalidad frente a pragmatismo. La paradoja vasca en el que sostenía que la sociedad vasca "seguirá premiando" a quienes "lideren el entendimiento y el acuerdo en un país que es complejo y en el que la convivencia entre identidades forma parte de nuestra experiencia histórica singular". En ese sentido, subrayaba que el PNV "defiende sin complejos la transversalidad porque, como decía la iniciativa sobre paz y normalización política, el pacto y la no imposición es el procedimiento por el que se constituyen las reglas de juego de las sociedades avanzadas".
Pocos días antes, en otro texto que vio la luz en el diario El País y que llevaba como título Más allá de la encuesta del desayuno , Imaz hablaba de la situación en Navarra -a la que ha prestado especial atención, como también ha hecho con Iparralde-, y denunciaba que en las negociaciones para formar el nuevo Gobierno foral se hubiera tratado de presentar como violentos "a los que tienen unas convicciones democráticas intachables" y se diera "con la puerta en las narices a aquellos que, con gran valentía, habían cortado amarras con el mundo radical, lanzando una señal equívoca a los que todavía dudan sobre dar ese paso o no".
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