Editorial
Respeto ante una decisión
desde el momento en que se hizo pública a primera hora de la tarde de ayer la decisión del presidente del PNV,
Josu Jon Imaz
, de no presentarse como candidato en las próximas elecciones internas de ese partido, pudo comprobarse que desde algunos medios de comunicación se apresuraban a interpretar esa retirada como una victoria del
sector duro del partido jelkide. Interpretaciones tan sesgadas como simplistas, empeñadas en fraccionar en
buenos y
malos cualquier colectivo político que opere en el País Vasco, llegan hasta a afirmar que Imaz se retira por estar en desacuerdo con el contenido de la ponencia que el EBB aprobó el lunes por unanimidad. Han olvidado de repente que acababan de calificar esa ponencia casi como
soberanista y de dudosa legalidad, y que Josu Jon Imaz fue el más encendido impulsor por esa ponencia de consenso y la asumía como propia. A nadie se le escapa que Imaz, por su discurso y por contraposición a
Egibar -directo sucesor de
Arzalluz para
Madrid -, venía siendo aplaudido con fervor desde las filas socialistas y sus apéndices mediáticos. A Imaz se le ha querido ver, además, como muro de contención contra las supuestas obsesiones soberanistas del lehendakari
Ibarretxe , enemigo público para la España Una. Pero Imaz, tal como se define en su escrito, es ante todo militante del PNV de casi toda su vida y le ha tocado presidir ese partido en tiempos difíciles, en una polarización peligrosa para la cohesión interna, hasta el punto que se ha sentido más objeto de desunión que de cohesión, y los sentimientos son intransferibles. Su previsible abandono de la política era ya
vox populi en círculos políticos vascos, y no ha extrañado demasiado. Ante tanto ruido y tanta suspicacia, Imaz ha decidido con generosidad apartarse después de haber impulsado la ponencia política sobre la que debatirán las bases del PNV. Ha sido una opción personal, explicada por él mismo como un esfuerzo para evitar cualquier elemento de desunión, de bipolaridad, en un partido todavía hegemónico en la CAV. En su escrito, Imaz reitera sus convicciones sobre el papel del nacionalismo democrático en un mundo en cambio y confía en que, ya sin él, quede fortalecida la cohesión del PNV con un liderazgo sólido y no cuestionado. Y no hay más detrás.