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petacchi es la leche

El italiano firma en Algemesí su 46ª victoria de etapa en una 'grande', la 18ª en la Vuelta, y la 140ª en once años como ciclista profesional

El italiano Alessandro Petacchi hizo bueno el trabajo del Milram y logró su primera victoria de etapa en la presente Vuelta por delante de su compatriota Paolo Bettini.Foto: efe

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algemesí. Un anhelo, una utopía, sueño inalcanzable, en los tiempos en los que el ciclismo viaja a lomos de una yegua sombría, que diría Sabina, empujado al aire con voz temblorosa, casi tímida: "Me gustaría leer mañana en los periódicos cosas sobre esta victoria de etapa, sobre el ciclismo, sobre mi trabajo, sobre mis compañeros". Hace cuatro meses, las palabras de Petacchi en la meta de Algemesí, tras ganar la undécima de la Vuelta, habrían sobrado. Sonarían extrañas. Alguien, en confianza, le habría respondido: "Claro, ¿de qué quieres que hablemos?". Entonces, en mayo, en pleno Giro, el italiano sació casi una temporada, mucho para él, de dieta de victorias en las grandes. No ganó ni en el Giro, ni en el Tour, ni en la Vuelta en 2006. La explicación: una caída en la corsa rosa camino de Namur en la que se fracturó la rótula izquierda. Temporada en barbecho, casi de diván para el italiano. Ha explicado alguna vez Koldo Fernández de Larrea, el sprinter de Euskaltel-Euskadi, que el de La Spezia es un corredor débil, frágil de moral. Parece mentira, pero pedalea en la duda. Su equipo hace de psicólogo. "Los compañeros me animan para que gane", explicó ayer. En el pasado Giro, en la tercera etapa, en la Vía Roma de Cagliari, el del Milram se reencontró con las flores, con los besos del podio. Volvió a ganar. Explotó de alegría. Antídoto contra la depresión, contra la congoja que le atenazaba. Se soltó entonces y ganó otras cuatro etapas del Giro, con broche incluido en Milán. Volvía a ser grande.

En el mundo utópico al que apelaba Petacchi, la primera etapa del Regio Tour sería la próxima escala. Otra victoria. Al sprint, claro. Entre junio y agosto, amnesia. No existió. Borrado. Olvidado. Luego, llegaría la Vuelta y los cartuchos desperdiciados en Vigo, en Logroño, en Zaragoza. Ayer no, ayer Petacchi calculó bien sus opciones. Ésta lección se la sabía, porque la llegada tenía acento italiano. Curvas por todos lados. Gincana. Ahí su treno es efectivo: castiga a sus rivales. Látigo al salir de cada viraje. Ese baile de caderas por las calles de Algemesí descarriló a Bennati y a Koldo Fernández de Larrea, que no se encuentra cómodo cuando la carrera avanza a trompicones. "Pierdo muchas fuerzas". Ayer se quedó sin ellas y sólo acertó a ver cómo Petacchi levantaba el brazo derecho al aire para celebrar su 18ª victoria de etapa en la Vuelta, la 46ª en una grande, y la 140ª en sus once temporadas como profesional. La leche, Milram, por supuesto, el monstruo europeo de productos lácteos que lleva grabado en su maillot y que todavía no ha decidido si seguirá en 2008 en el pelotón.

La parte que falta Pero ayer, en Algemesí, un reducto de piedra y cemento en medio de una alfombra verde de naranjos, arrozales y albaricoqueros, nadie respondió al italiano "claro, ¿de qué vamos a hablar?". ¿Por qué? Porque el ciclismo, y Petacchi con él, viaja a lomos de esa yegua sombría. Al galope. Sin ver por dónde pisa, mucho menos a quién. Entre la victoria de etapa en Milán y el Regio Tour, el camino de Alessandro se volvió a tornar tortuoso. Una filtración del laboratorio antidopaje de Roma daba con sus huesos en la duda. Otra vez. Golpetazo. Dos positivos extraños. El suyo y el de Piepoli. Por salbutamol, y en ambos casos tras superar el máximo permitido de 1.000 nanogramos. Petacchi volvió al infierno de la desesperación, del desasosiego. Pesadilla. Lucha en los despachos. El lugar diametralmente opuesto a un sprint, largo y lento. Mucho. Irritante. "He pasado un verano infernal". Se perdió el Tour y tuvo que comparecer ante la comisión disciplinaria de la Federación Italiana de Ciclismo. Ahí lo explicó todo. Les dijo que todo se había sacado de tiesto, que había una explicación para esa alta tasa de salbutamol, y les enseñó el certificado médico que le permitía utilizar esa sustancia para tratar una alergia. La Federación escuchó, divagó y decidió: absuelto. Caso cerrado. O no. Etore Torri, director de la procura antidopaje del CONI, no pensó lo mismo. No quiso escuchar al italiano, y, si lo hizo, entendió que no había suficientes razones que explicasen por qué esa tasa se elevaba hasta superar los 1.300 nanogramos. Torri pidió que le sancionasen. Dos años. La Federación discrepó. Guerra interna que acabó en Suiza, en los archivos del TAS, quien decidirá en no menos de tres meses si sanciona al corredor italiano. De momento, puede seguir corriendo, aunque sea sombrío, melancolía de la que no pareció sacarle ayer su victoria de etapa. Pensaría el bueno de Alessandro, quizás, en ese esperpéntico episodio de su vida. Pese a que, claro, todo aquello no existió.

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