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Lorenzo Bacale, en la Casa de Guinea.Foto: ainara garcia
Donostia. Hace cuarenta años que Lorenzo Bacale llegó a la ciudad. Desde entonces "ha llovido mucho", dice este guineano que hoy en día preside la Casa de Guinea en el barrio de Intxaurrondo. Tras cuatro décadas en Donostia, se siente donostiarra y ofrece, sin distinción alguna, ayuda y atención a todos aquellos que acuden a la asociación que preside. Desde que llegó, Bacale ha sido Guardia Municipal, árbitro de fútbol, escritor y hasta Rey Mago.
¿Cuándo llegó usted a Donostia y por qué?
Yo emigré en 1966. Acababa de terminar el bachiller superior y en Guinea no había universidades, así que viajé hasta Jaén con la intención de estudiar Ingeniería Agrónoma. Pero nunca acabé la carrera. En aquel entonces yo tenía un primo que vivía en Donostia y me llamó para que viniera a visitarle. A los dos días encontré trabajo en los talleres de La Voz de España y Unidad , donde realizaba labores de cajista. Al poco tiempo salieron las plazas para la Guardia Municipal y trabajé en la policía durante más de treinta años.
¿Cómo llegó hasta aquí?
Cogí un barco que tardaba 16 días en llegar. Un barco que en aquel entonces les costó a mis padres unas 1.500 pesetas. Salía desde la capital de Guinea, Malabo, y pasaba por varias ciudades. Paraba en los puertos para cargar café, cacao o madera. Por eso, el viaje se prolongaba durante muchos días. Todavía conservo aquellos billetes.
Vino a Donostia de visita y en dos días decidió quedarse. ¿Por qué?
Cuando empecé a trabajar, todo el mundo me recibió muy bien. Lo importante, cuando una persona llega a un lugar nuevo, es saber adaptarse a las personas, a las costumbres... Pero todo depende de las características de cada uno y del empeño que le ponga. Con el tiempo se consigue. Ahora, lo bueno que tiene la gente que llega desde Guinea y otros lugares de África a Donostia es que se acerca a nuestra casa para informarse sobre el lugar. Y al revés, si alguien de aquí quiere ir a Camerún, Guinea, Nigeria... se pasan por aquí y nosotros les informamos sobre lo que allí se van a encontrar. Hace cuarenta años, cuando yo llegué a Donostia, sólo había un negro en la ciudad: un hombre que tenía un taller de neumáticos. De hecho, había gente que no había visto un negro en su vida. Pero, la verdad es que me acogieron muy bien. Hoy en día es diferente, cada vez llegan más personas a la capital guipuzcoana. No sólo de Guinea, también de otras zonas de África.
¿Tanto le gustó la ciudad?
¡Hombre, claro! ¿A quién no le gusta Donostia? Para mí es una de las mejores ciudades que he conocido. Cuando yo llegué me encantó La Concha, había muchas salas de fiesta... En aquella época yo era un joven de 23 años y aquí había mucho ambiente juvenil. Además, la gastronomía y sobre todo la buena acogida por parte de la gente de la ciudad fueron inmejorables.
Entonces, ¿uno es de dónde nace o de dónde vive?
No se puede olvidar el lugar dónde se ha nacido. Hay una costumbre guineana que consiste en enterrar la placenta en el lugar donde ha nacido el niño. Todavía cuando vuelvo a Guinea mi hermana mayor me recuerda que allí está enterrado mi kú , así es como se le llama en lengua fang. Pero, yo me siento donostiarra. Llevo mucho tiempo viviendo aquí y mis costumbres son ya donostiarras.
¿Cómo recuerda la experiencia en la Guardia Municipal? Tiene fama de que ponía muchas multas.
El guardia nunca pone multas. El guardia lo que hace es ejecutar la acción y eso significa corregir. Si tú no haces nada incorrecto, el guardia nunca te va a poner una multa. Y hay gente a la que le llamas la atención y, en lugar de tomarlo en serio, se lo toma a broma. Precisamente eso es lo que les suele molestar a los guardias. Algunos recuerdan que en aquella época, cuando me dirigía a alguno de los conductores, solía preguntarles si tenían bolígrafo. Ellos contestaban que no, y entonces yo decía que si lo tenía y escribía la multa.
Hoy en día, ¿a qué se dedica?
Estoy prejubilado y suelo atender a la gente que se acerca a la Casa de Guinea. Ayudamos a todo aquel que se acerque sin importar la raza. Les asesoramos y les remitimos a donde les puedan ayudar. Y al revés, si algún donostiarra quiere ir a Guinea, se pasan por aquí y nosotros les informamos sobre lo que allí se van a encontrar. De vez en cuando, organizamos cursos de cocina guineana para grupos reducidos y tienen bastante éxito.
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