
Colaboración
Parecía que las cosas iban a cambiar pero ha sido ETA, otra vez, la que ha vuelto a cercenar la esperanza de paz con varias acciones asesinas que, de haber salido como sus autores esperaban, hubieran ocasionado nuevas tragedias humanas.
La vida sigue, y la sociedad no quiere dejarse atenazar ante los intentos reiterados que persiguen más dolor y muerte. Cualquier parálisis social o paranoia colectiva que los comandos pudiesen percibir, sería un éxito desde sus objetivos.
Lo que está ocurriendo ahora, a mi juicio, es que mientras algunos políticos se cruzan reproches entre sí en lugar de torpedear la estrategia de ETA, no hay apenas resonancia ante las ekintzas frustradas sin víctimas que lamentar. Creo que no estamos centrados en la vuelta de ETA, sino en otros objetivos muy legítimos y esenciales (como la anhelada consulta popular que impulsa desde hace tiempo el lehendakari) pero que "tapan" la gravedad prioritaria de las andanzas de los comandos, más allá de la sostenida kale borroka .
El mejor Joseba Arregi (lejano en el tiempo) afirmó que "la agresividad alcanza la mayor cota de sin sentido cuando ni siquiera está en función de algo distinto de sí misma, sino al servicio de su propia agresividad; reducida a la mera autoafirmación de ella misma. Estéril." De haber logrado ETA el éxito en sus últimos atentados, no estaríamos enfrascados en Nafarroa, el referéndum o el tripartito, sino lamentando lo irreparable. No se está aprovechando que Batasuna/ANV se ha quedado sin discurso propio ni espacio, como nunca, por su equidistancia imposible; entre la cobardía cómplice y la desautorización.
Nadie puede ser libre por otro, y esclavos son quienes prefieren esconderse en silencio ante una realidad que les conviene. A veces hay que ir a contracorriente pues lo bueno y lo agradable no van siempre de la mano, ni el ejercicio de la libertad deja las cosas como estaban, tal es su capacidad de transformación. La paz debe ser presencia de la justicia; va más allá de la ausencia de violencia.
Así las cosas, me parece una grave falla moral no presionar más desde la ética de la paz ¡en bloque! a quienes quieren matar, una vez que su brazo político ha demostrado su nula capacidad de influencia. Ya se hizo lo humanamente posible para la desactivación de la violencia; fueron muchas conversaciones de paz trufadas de ignominias y calumnias que hubo que soportar (con Navarra en medio) provenientes sobre todo del PP-UPN, preocupados por el éxito del diálogo más que por la vuelta a la violencia, desde su empeño de que las tesis de ETA parezcan las mismas que las del nacionalismo democrático. Faltan a la verdad y tampoco centran sus invectivas contra los que generan la violencia.
Al final, estamos ante un conflicto personal (con uno mismo) porque la violencia es un asunto sobre todo moral ante el cual cada uno debe optar y actuar desde criterios éticos, morales, que son los que deberían iluminar los planteamientos políticos, intelectuales o sociales para avanzar en acciones de paz, y no al revés, como algunos pretenden.
No sé si todos ansiamos el final de la violencia con el mismo acento prioritario, aunque casi todos afirman quererlo.
El dolor desbocado es un arma que arrasa y divide. ETA lo sabe y busca dominar desde el miedo; cuanto peor, mejor. Necesitan que alguien salte y provoque fracturas sociales ("acción-represión"), aunque pueda avivar sus propias tensiones provocando alguna implosión de imprevisibles consecuencias. Por eso es preciso seguir denunciando que la paz puede llegar con estrategias de violencia: "lo que se obtiene con violencia, solo se puede mantener con violencia (Ghandi)". Hay quien afirma que la consulta de Ibarretxe desbloquearía el conflicto, pero ETA ha demostrado que nunca ha buscado la paz, anclada en una estrategia mentirosa y chantajista resumida en su bietan jarrai.
Estoy muy de acuerdo con el diálogo para superar la violencia. Diálogo que no excluye contestar juntos ETA "sin dejar de hacer política" (Ibarretxe), pero desde la prioridad de desmontar los planteamientos ideológicos de ETA que se sostienen en un proyecto totalitario y mafioso que solo genera dolor y odio manchando la noble causa vasca.
¿Nos vamos a arrepentir de haber sido imprudentes por excesivamente pasivos, amparados en que ETA no haya logrado puntualmente sus objetivos? ¿A quién le beneficia? Mejor rasgarnos las vestiduras antes de ETA logre una nueva tragedia, que a punto ha estado de lograr en Durango.
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