
Un macero durante la celebración de un pleno en las Juntas Generales de Gipuzkoa.
LAS Juntas Generales de Gipuzkoa han decidido prescindir de los maceros, una figura histórica ligada a esta institución desde el año 1622, y su presencia se limitará a un único pleno anual, el del 2 de julio.
Tras el cambio de sede -situada ahora en el parque tecnológico de Miramon de Donostia-, los nuevos responsables del Parlamento guipuzcoano han optado por limitar la presencia de los maceros a una única cita anual, reservando además su presencia en aquellos actos que por su relevancia se considere oportuno contar con esta figura. Si bien, ni tan siquiera el pleno de investidura del nuevo diputado general del territorio, el pasado 6 de julio, contó con maceros, siendo la primera vez en la que sus puestos se quedaban vacíos.
La decisión de prescindir de esta figura histórica corresponde a la Mesa de las Juntas, que preside por primera vez el PSE-EE y que cuenta con representación de EA y EB en sus vicepresidencias primera y segunda, y del PNV y el PP en sus dos secretarías. El objetivo de este cambio, explican, es dar una imagen más actual de esta institución que nació allá por el siglo XIV como el hermanamiento de una veintena de villas guipuzcoanas.
solemnidad La historiadora Rosa Ayerbe, que ha publicado una treintena de libros y artículos sobre las Juntas Generales de Gipuzkoa, explica que la presencia de los maceros tiene un objetivo meramente decorativo , con el objeto de "dar mayor solemnidad y realce a los congresos de la institución fundamental de la Provincia".
Ayerbe, que es también miembro de Eusko Ikaskuntza, de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y de la Real Academia de Historia, además de profesora titular de la UPV, señala que la figura de los maceros se incorporó a esta institución en la reunión que las Juntas Generales celebraron el 22 de noviembre de 1622 en Arrasate. Tal y como se ha mantenido con posterioridad, fueron dos los maceros designados para la ocasión.
El reglamento señalaba entonces que correspondía a la villa que acogía el pleno designar a los vecinos encargados de representar este papel a cambio de un salario de 6 ducados por junta celebrada para cada miembro de la pareja de maceros.
Debían estar vestidos de "ropones de damasco colorado, gorras de terciopelo carmesí y mazas de plata con el escudo de las armas de la Provincia, también de plata", y entre su cometido figuraba "ir con los señores de la Junta a la iglesia y otras ocasiones que se ofrecieren", explica.
De hecho, estos símbolos se han mantenido prácticamente inalterables en el tiempo y en los bordados del traje de maceros aún hoy se puede ver en su lado frontal el escudo de Gipuzkoa en el pecho, así como los escudos de Tolosa y San Sebastián, las dos villas que han sido capital de Gipuzkoa.
El estreno de los maceros supuso un desembolso de 4.569 reales de la época "es decir, 155.346 maravedís" -según se precisaba en el acta de 1622- y los trabajos fueron ejecutados por la villa de San Sebastián, tal y como ordenó la Junta rectora de la institución.
juventud El puesto de maceros ya entonces pasó a estar encarnado por jóvenes de la villa de aquel pueblo al que le tocaba en su turno la celebración de las Juntas Generales, si bien no se cita en ningún momento la edad o los requisitos exigidos para su nombramiento.
Esta tradición ha llegado hasta nuestros días, ya que son también jóvenes -estudiantes en su mayoría- quienes han encarnado esta figura, considerada hasta ahora indispensable en todos los plenos de las Juntas. Tampoco se ha fijado ningún requisito más allá de tener disponibilidad, buena presencia y cierto aguante para sobrellevar los calores del traje en un maratoniano pleno que se puede alargar durante horas.
Los maceros, dicho coloquialmente, no tendrán que ir a la oficina de empleo a buscar trabajo, porque la Diputación seguirá contando con ellos en su actos protocolarios, que tampoco son muy habituales. Éste es el caso de la entrega de las Medallas de Oro, donde el pasado año cuatro maceros acompañaron al lehendakari, al Gobierno foral y a los premiados en el acto celebrado en el Palacio Foral de Donostia, y la previsión es que siga siendo así.
Pese a todo, los maceros son unos grandes desconocidos para el común de los guipuzcoanos, como también lo es la propia institución de las Juntas Generales, pese a ser el Parlamento del territorio. Así, Ayerbe destaca que "la única referencia bibliográfica" en la que aparecen los maceros de Gipuzkoa es la que hace Carmelo de Echegaray en su Compendio de las Instituciones Forales de Guipúzcoa (1924), cuando explica que el primer día de Junta, "la Asamblea en cuerpo, precedida de los maceros y de los músicos juglares, nombre con que eran conocidos los tamborileros, se dirigía a la iglesia parroquial, en donde se celebraba una misa solemne, con sermón, en honor de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora".
A la vista de lo caro que se pondrá a partir de ahora ver a los maceros del territorio, puede tomar nota para las citas de los plenos itinerantes del 2 de julio que el próximo año se celebrará en Eibar. A partir de ahí, y en este orden, la citas serán en Zestoa, Segura, Azpeitia, Zarautz, Irun, Ordizia, Zumarraga, Azkoitia, Oñati, Zumaia, Hondarribia, Bergara, Mutriku, Tolosa, Oiartzun, Arrasate, Donostia, Hernani, Elgoibar, Deba, Errenteria y Getaria completando así la rueda de 23 municipios.
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