
José Antonio Ardanza.Foto: efe
han sido numerosos los actos de recuerdo y homenaje que a lo largo de toda la semana se han dedicado a Miguel Ángel Blanco, con motivo del décimo aniversario de su asesinato a manos de ETA. Las 48 horas que transcurrieron entre el secuestro y la muerte del concejal del PP permanecerán siempre en la memoria de todos los ciudadanos de una forma especial, no sólo por la crueldad de este atentado, sino por la catarsis que desencadenó en la sociedad vasca. Aquella rebelión cívica contra ETA es lo que se bautizó como el espíritu de Ermua. Una impresionante reacción social que marcó un antes y un después en la política vasca: el antes, el Pacto de Ajuria Enea (1988) y el después, el Acuerdo de Lizarra (1997).
Algunos dirigentes políticos que vivieron en primera línea aquellos días de conmoción social, como el propio el ex lehendakari José Antonio Ardanza, el diputado socialista Ramón Jáuregui, el entonces presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, o el parlamentario de EA, Rafa Larreina, comparten con NOTICIAS DE GIPUZKOA su experiencia personal y hacen una reflexión más profunda sobre lo que significó, lo que supuso y lo que queda del llamado espíritu de Ermua desde un prisma estrictamente político.
el mismo espíritu con matices
La unidad contra ETA
Todos ellos coinciden en definir, con sus matices, el espíritu de Ermua como la reacción de una sociedad perpleja e impotente ante el cúmulo de tragedias e injusticias que la organización terrorista no dejaba de sumar a su lista negra. Tan sólo díez días antes del asesinato de Miguel Ángel Blanco, la sociedad asistía con estupor a la liberación del funcionario de Prisiones, José Antonio Ortega Lara, tras casi un año y medio de secuestro, recuerda el ex lehendakari Ardanza, quien afirma que "todo aquello provocó una reacción social espectacular", acompañada -asegura- de un liderazgo político e institucional a través de la Mesa de Ajuria Enea.
El secuestro y posterior asesinato del edil popular fue "la gota que desbordó el vaso de la paciencia, hasta entonces casi infinita," de la sociedad, ilustra el socialista Ramón Jáuregui. A su juicio, esa "ira popular" contra ETA también se proyectó contra "todo lo que estaba contaminado por el terrorismo, incluidos en algunos aspectos, los discursos comprensivos o ambiguos del nacionalismo vasco".
Una afirmación que rebate el jeltzale José Antonio Ardanza: "El nacionalismo no se sintió incómodo en aquel contexto, tuvo una actitud muy firme frente a la violencia, frente al secuestro de Ortega Lara y frente al asesinato de Miguel Ángel Blanco".
El ex presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, compara, por su parte, el sentimiento de la sociedad en aquel momento con una "olla a presión" que "explotó y rompió con el miedo" que impedía a muchos ciudadanos salir a la calle para "decirle a ETA a la cara que desaparezca".
"El espíritu de Ermua es una ola de gente socialista, popular , nacionalista, comunista, es decir, de derecha, centro e izquierda, en definitiva, de todos los demócratas que teníamos en común la necesidad de decirle a ETA que desapareciera de nuestras vidas", prosigue Iturgaiz.
Este espíritu plural del que habla el dirigente popular no lo comparte en absoluto el parlamentario de EA, Rafa Larreina, quien confiesa que el asesinato de Miguel Ángel Blanco le hizo rememorar el secuestro y posterior asesinato a manos de ETA del ingeniero jefe de la central de Lemoiz, José María Ryan, perpetrado en 1981.
"Aquel suceso fue muy traumático y supuso una conmoción y una reacción muy fuertes. La respuesta fue más plural, más popular en el sentido de que no fue utilizada políticamente", defiende el dirigente nacionalista.
el final de un ciclo político
El culmen de Ajuria Enea
El espíritu de Ermua fue, además de una impresionante reacción social, el "culmen", en palabras de Jáuregui, del Pacto de Ajuria Enea. El ex lehendakari José Antonio Ardanza es de la misma opinión. Ambos coinciden en que el espíritu de Ermua no rompió la unidad lograda en torno al Pacto de Ajuria Enea (1988), sino al contrario, fue su máxima expresión.
"Lo que se produjo fue una especie de comunión entre todos los partidos políticos democráticos apiñados con una sociedad total y absolutamente identificada; fue como una ósmosis de partidos, Mesa de Ajuria Enea y sociedad", explica Ardanza.
Un momento que relata "perfectamente" el diputado socialista: "La foto de la escalinata en Ajuria Enea de todos los líderes políticos con Ardanza a la cabeza expresándose de manera contundente contra el atentado, la recuerdo muy bien".
Pese a que ambos comparten la idea de que el espíritu de Ermua representó la última imagen de unidad entre los partidos que integraban la Mesa de Ajuria Enea, cada uno tiene su propia explicación de lo que motivó la ruptura de aquel consenso.
Al ex lehendakari Ardanza y a Larreina (EA) no les cabe la menor duda de que "el responsable fundamental de la ruptura fue el PP". "La reacción fue tan importante que hubo deseos de monopolizar, de apropiarse de aquello", agrega en alusión a los populares .
Para Ardanza, el espíritu de Ermua marcó el inicio del "afán patrimonialista" del PP: "Querían ser el referente exclusivo de todos los movimientos, acciones y reacciones contra el terrorismo y, en ese camino, le molestaba la Mesa de Ajuria Enea, por eso dinamitó el Plan Ardanza y Ajuria Enea".
De ahí que el ex lehendakari afirma que el espíritu de Ermua se diluyó cuando "dinamitan Ajuria Enea" y lamenta que esa ruptura "permaneció y hoy sigue permaneciendo".
El diputado del PSOE atribuye la ruptura del Pacto de Ajuria Enea a varios factores. Según afirma, había un germen de descontento en el nacionalismo democrático con el Pacto de Ajuria Enea, que, sin embargo, "no se expresó allí", sino un año más tarde en el Acuerdo de Lizarra.
Respecto al espíritu de Ermua que surgió a raíz de la muerte de Blanco, Jáuregui cree que el nacionalismo vasco lo interpretó como "una señal del riesgo que conllevaba la continuidad de la violencia", además de como "un reproche que gran parte de la sociedad hacía al nacionalismo vasco por sus conexiones y por su discurso comprensivo, ambivalente o ambiguo" con los violentos. A partir de ahí, este veterano dirigente político cree que los nacionalistas vascos "encontraron un camino a esa situación" que, a su juicio, fue "erróneo", en alusión al Acuerdo de Lizarra (1998), y lo que provocó la división entre los dos bloques, constitucionalista y nacionalista.
En este sentido, Ardanza es muy tajante: "El Acuerdo de Lizarra no tiene nada que ver con una posición de enfrentamiento al espíritu de Ermua". El ex jefe del Ejecutivo vasco sostiene que cuando el PP dinamita el Pacto de Ajuria Enea, haciendo suyo al mismo tiempo el espíritu de Ermua, se trató de reorientar la situación con el Plan Ardanza. Sin embargo, reprocha a los socialistas el giro que dieron en aquel momento al sumarse al PP por no quedarse solos. "En ese momento, cada uno buscó su salida", enfatiza Ardanza, quien añade que los socialistas estaban entonces "bajo mínimos".
La visión del dirigente del PP es bien distinta. Iturgaiz recuerda que Miguel Ángel Blanco era concejal del PP y, "aun pudiendo haberlo hecho, nunca le utilizó con fines partidistas", asegura. El europarlamentario del PP culpa al nacionalismo y al PSOE de romper la unidad que representó el espíritu de Ermua: "Los nacionalistas vascos con el Acuerdo de Lizarra, primero, y los socialistas, en la actualidad tras negociar con ETA, son los que han tratado de enterrar el espíritu de Ermua".
diez años después
El espíritu de la discordia
Diez años después, para algunos el espíritu de Ermua no fue más que una "entelequia" que se construyó a posteriori tras el atentado de Blanco y de la que hoy no queda nada. El ex lehendakari cree que lo que realmente se tiene que recuperar es "la generosidad entre los partidos políticos, con el fin de anteponer a sus intereses el interés general, que es luchar juntos frente al fenómeno de la violencia y el terrorismo, considerarlo como un problema de Estado". "Eso es lo que aprendimos en Ajuria Enea", concluye.
Por su parte, Jáuregi apuesta por recuperar la esencia de lo que fue el espíritu de Ermua, pero en su vertiente de clamor popular. "Sólo en ese sentido, no con partidismos", zanja.
Carlos Iturgaiz se muestra convencido de que el espíritu de Ermua sigue vigente en la actualidad y, según él, se manifiesta rechazando la negociación con ETA. En este sentido, invita al resto de partidos políticos a sumarse al espíritu que abandera el PP: "Les esperamos con los brazos abiertos". Finalmente, Rafa Larreina coincide con Ardanza en que el espíritu de Ermua no necesita nombres, ya que se trata de un espíritu de "libertad, pluralidad y respeto a todos los derechos humanos".
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