
Nekane Delgado posa delante del edificio de Enfermería de la UPNA.Foto: iban aguinaga
Querer es poder. Ésta es la máxima que ha acompañado al pamplonés Oier Lakuntza Irigoien y a la eibartarra Nekane Delgado Ortigosa a lo largo de su vida. Una vida que no ha sido nada fácil para ellos. De hecho, sigue sin serlo. Pero el tesón y la persistencia han sido más fuertes que la desesperanza que tantas veces ha llamado a la puerta de estos jóvenes, que, con mucho esfuerzo y voluntad, han demostrado que los sueños se pueden alcanzar pese a las dificultades. Sólo es necesario creer en ellos.
Sus historias son dos claros ejemplos de dedicación y entrega, de que se puede estudiar y sacar adelante una carrera universitaria con algún tipo de discapacidad. Oier padece una enfermedad degenerativa que le ha hecho perder completamente la visión. Además tiene problemas de audición y dos tipos de diabetes. Esos obstáculos que no le han impedido convertirse en licenciado en Químicas por la Universidad de Navarra. Y la puntuación más baja que ha obtenido en estos cuatro años es un 6,3. El resto, notables, sobresalientes y matrículas. Casi nada. La segunda protagonista de esta historia confía en terminar en septiembre Enfermería después de descubrir, durante los dos años que estudió FP de Estética, que lo suyo no eran los masajes. Esta joven nacida en Eibar sabe muy bien qué significa trabajar como enfermera, ya que durante la carrera ha hecho prácticas en el Hospital de Navarra. Y ha descubierto que su sordera profunda no es una barrera para atender a los pacientes. Y es que Nekane puede conversar con total normalidad con las personas oyentes. Desde muy pequeña sabe leer los labios, de hecho no conoce el lenguaje de signos, y gracias al implante que le colocaron hace dos años en el cerebro puede incluso hablar por el teléfono "aunque sólo conversaciones breves con mis padres y mi novio".
Oier y Nekane. Dos jóvenes luchadores que han llegado a ser lo que siempre habían soñado. Es cierto que aún queda trabajo por hacer y un largo camino por recorrer. También que se encontraran con nuevas barreras que tendrán que salvar. Pero lo que han logrado hasta ahora no se lo quita nadie. Por eso quieren lanzar un mensaje de esperanza a todas aquellas personas que viven situaciones similares. "La recompensa merece todos los esfuerzos", asegura Nekane.
una joven con las ideas muy claras
"No hablo el lenguaje de signos; en el mundo hay muchos más oyentes que sordos"
Con cuatro meses y medio, Nekane estuvo a punto de morir. "Mis padres me veían mal y me llevaron al médico, pero éste les decía que era un catarro y que no se preocuparan", cuenta esta joven. Sin embargo, ellos insistieron hasta que le diagnosticaron una meningitis. Nekane superó la enfermedad, pero cuando tenía un año y medio su familia se dio cuenta de que le había dejado secuelas: no oía nada. Sus padres trabajaron duro con ella. Querían que llevase una vida normal y en vez de enseñarle el lenguaje de signos le ayudaron a que aprendiese a leer los labios. "En el mundo hay muchas más personas oyentes que sordas y pensaron que era mejor que me acostumbrase", explica esta joven.
Nekane comenzó a ir al colegio en Eibar, pero a los 10 años sus padres decidieron trasladarse a Barañáin para facilitar su aprendizaje. "Estudiaba en el modelo B, es decir, durante la mañana en euskera (en un colegio de sordos) y por la tarde en castellano. Además, tenía que desplazarme y no era fácil", explica Nekane. En Barañáin comenzó en el colegio Eulza en el modelo G, a diferencia que sus hermanas, que optaron por el D, y lo mismo en el Instituto. "Mis compañeros me ayudaron muchísimo, me pasaban apuntes y yo seguía las clases leyendo los labios", indica esta eibartarra, que reconoce que también tuvo problemas con una profesora que le hizo "la vida imposible". De hecho, Nekane no aprobó su asignatura y tuvo que presentarse a Selectividad en septiembre. "Le dijeron a mis padres que yo no valía para estudiar. Eso nos dolió. Si yo hubiese sido de otra manera y mis padres no me hubiesen animado me hubiera venido abajo", apunta Nekane. La Selectividad también se le atragantó. No le adaptaron el examen de inglés y tuvo que hacerlo como el resto. "Al no oír es extremadamente difícil aprender otros idiomas ", recuerda y añade: "Fue mi primer fracaso como estudiante y la sensación de impotencia fue muy grande", indica esta eibartarra.
Así las cosas, Nekane se embarcó en un FP de Estética y gracias a él descartó estudiar Fisioterapia, la carrera que más le gustaba junto con Enfermería. "Los masajes no me iban y desde que hice las primeras prácticas como enfermera descubrí que era lo mío. Soy feliz ayudando a los demás", asegura esta joven, que confía en terminar la carrera en septiembre. Reconoce que le da "bastante miedo" enfrentarse a la responsabilidad que rodea a su profesión, pero cree que es un miedo "común" en el sentido de pasar de estudiante a profesional. También sabe que su sordera le ocasiona alguna dificultad. "Por ejemplo para tomar la tensión, porque hay muy pocos aparatos electrónicos, o para hablar por teléfono. Pero por lo demás, puedo trabajar como cualquiera. En las prácticas no he tenido ningún problema, entiendo perfectamente a los pacientes y han sido pocos los que han puesto pegas para que yo les atienda", explica Nekane.
Esta joven eibartarra está deseosa de adentrarse en esta nueva etapa laboral y anima a las personas con discapacidad a luchar por sus sueños. "En la universidad hay muy pocos estudiantes con alguna discapacidad y no es por falta de inteligencia o aptitudes sino porque este mundo no está preparado. Siempre vamos a remolque, descubriendo qué está mal, qué hay que cambiar (vídeos subtitulados, soporte visual, libros en braille...). Pero no deben desanimarse porque la recompensa merece todos los esfuerzos", concluye Nekane.
un estudiante tenaz y brillante
"Elegí Químicas a pesar de que no me lo recomendaban por mis discapacidades"
La vida tampoco se ha portado bien con Oier Lakuntza. Este joven pamplonés padece una enfermedad degenerativa nada común (sólo hay unos 40 casos en España) que le ha dejado ciego, con problemas de audición y con diabetes. Problemas que no le han impedido ser uno de los ocho estudiantes de Químicas que han concluido la carrera en su año (de los 35 que comenzaron en 2003). Y lo ha hecho con un expediente brillante.
Pero para llegar hasta aquí, Oier ha tenido que trabajar muy duro para solventar las barreras con las que la vida le iba sorprendiendo. Y es que hasta segundo de carrera este pamplonés veía la pizarra con la ayuda de un telescopio y realizaba los exámenes adaptados con una letra más grande y con una lupa. "Sin embargo, así como la pérdida de la audición parece que se me ha estabilizado, la visión la he perdido casi del todo y ahora necesito unbraille speak : una especie ordenador con siete teclas que transmite la información a un ordenador lector. Éste es el que me lee lo que voy escribiendo", explica este joven, que desde que tuvo que decidir que hacer con sus estudios se decantó por las Ciencias. Y eso que no fue una decisión fácil, ya que recibió presiones desde la ONCE y el CRENA para que cambiará de parecer y eligiese el Bachillerato de Letras. "Me lo recomendaban por mi bien, ya que la adaptación es mucho más fácil. Igual que cuando decidí estudiar Químicas me comentaron que sería mejor que estudiase Derecho o Periodismo", recuerda Oier.
Sin embargo, este joven pamplonés no cedió. Tenía claro que primero debía intentarlo. No quería que fuesen otros quienes le contasen la experiencia sino que deseaba vivirla en primera persona. "Sabía que otras carreras me iban a resultar bastante más fáciles, pero me dije pruebo un año y si no puedo, cambio", explica Oier. Y el resultado ha sido brillante. Eso sí, para conseguirlo, este químico ha tenido que destinar muchas horas de trabajo, ponerse el mundo por montera y dedicarse casi en cuerpo y alma a la carrera. La ayuda de sus compañeros (especialmente de su amiga Flor) y, sobre todo, de sus padres ha sido fundamental y Oier sabe que sin su colaboración todo habría sido mucho más complicado. "Las fórmulas y los demás números los cogía tal y como se dicen, porque el braille speak no tiene números. El resto de los apuntes que no podía coger en clase me los dejaban mis compañeros y mis padres me los traducían", explica Oier, que también reconoce haber pasado malos momentos y recaídas en estos años. "Sobre todo en 3º de carrera, ya que mis compañeros me dejaron un poco de lado, pero luego me encontré con otros que me ayudaron un montón", recuerda este pamplonés.
Con lo bueno y con lo malo, Oier ha cumplido su meta. Pero ya tiene otras. El próximo curso comenzará la tesis de Química Cuántica en la UPV. "Es un programa europeo de cuatro años y la tesis hay que escribirla en inglés. Pero la introducción la haré en euskera", indica Oier y añade "tendré que mejorar mi inglés porque al no oír bien me cuesta más entenderlo". Otro de sus objetivos a largo plazo es realizar un máster de Periodismo Científico. "No hay que tener miedo y hay que hacer lo que a uno más le guste porque aunque los que tenemos alguna discapacidad debemos esforzarnos más, luego compensa", concluye este joven que en sus ratos libre tiene otra afición: los bertsos. Una diversión que, por cierto, tampoco se le da nada mal.
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