
El nuevo vicesecretario general adjunto de ELA, Adolfo Muñoz, posa ante disversos carteles de propaganda del sindicato.Foto: zigor alkorta
"Txiki" Muñoz encarna el primer cambio de calado que van a experimentar el próximo año, al menos dos de los sindicatos más representativos de Euskadi en lo que supone la llegada de una generación más fraguada en la normalidad de la lucha de la negociación colectiva que en la preocupación de recuperar para la democracia organizaciones sindicales acostumbradas a vivir en la clandestinidad, como lo hicieron sus antecesores. El nuevo número dos de ELA representa la continuidad del discurso que ha desarrollado ELA hasta ahora. En su persona se conjuga la vehemencia de Elorrieta con el verbo matizado de Kortabarria
¿Cúal es el planteamiento que ELA tiene sobre la unidad de acción con LAB?
El sindicalismo abertzale necesita de la suma y ELA opina que la suma beneficia al conjunto. En la coyuntura actual sucede que hay ámbitos que están mediatizados y las decisiones las toman otros y tenemos una preocupación de que en lo relacionado con la negociación colectiva LAB está haciendo un planteamiento esencialmente competitivo hacia ELA. Nos gustaría esa relación que tiene que estar basada en elementos reales y muy inmediatos al mundo sindical. No es cuestión de voluntarismo y de que cada vez que salgamos en el periódico hagamos emplazamientos, sino que los temas que nos diferencian puedan ser solventados.
¿El problema no es más de fondo y de ver las cosas de manera diferente, sobre todo, desde el proceso de Lizarra?
Nosotros hemos tenido unas diferencias de líneas estratégicas y no queremos ser una organización que, no discutiendo la estrategia, relativice todo y forme parte de algo que han decidido otros. A nosotros nos hubiera gustado que el proceso de paz hubiera terminado bien, pero no entendemos que haya que simultanear la resolución del conflicto armado con el político. Pensamos que el conflicto político tiene otros tiempos y otras alianzas. Y eso está sin hacer. Es un grave error que se siga con esa estrategia. Lo que ETA haga o deje de hacer no es tabú y no es un elemento que no pueda ser juzgado. Cuando nosotros salimos en contra de la ruptura del alto el fuego, no lo hacemos por ser los primeros, sino porque sabemos cual es el efecto inmediato de esa estrategia en los ámbitos de colaboración dentro del mundo abertzale y que son muy importantes referenciarlos. Cuanto más tardemos será peor.
¿El fracaso del proceso de paz ha dado la razón a ELA?
Lo que más hubiéramos deseado es habernos equivocado porque es urgente entrar en una fase diferente a la que estamos. Cuanto más tardemos peor. ELA no se ha equivocado en la calificación que tenía de uno de los agentes principales como el PSOE. EL PSOE no ha hecho una reflexión sobre la transición española y en apariencia tampoco es un partido para gestionar un proceso tan complicado como el vasco. Los que defendemos el derecho de autodeterminación no hemos sido capaces de tejer entre nosotros una apuesta en común que termine en visualizar a que tenemos derecho legítimo y a confrontar democráticamente en el Estado en términos de reconocimiento de derecho. El pacto de Estado respecto de lo vasco sigue funcionando, más allá de quien gestione la política antiterrorista. ETA es un gran problema, pero no es todo el problema para hacer lo que hay que hacer. Los abertzales tenemos derecho y necesidad de ponernos de acuerdo, respecto de que elementos queremos defender y esto no es crear ningún frente.
¿Entre Lizarra y Anoeta puede haber una tercera vía?
Tenemos plena confianza de que la sociedad civil y sus agentes y organizaciones pueden llevar detrás de un planteamiento civil y democrático la reivindicación de la soberanía y del derecho de autodeterminación. Nosotros creemos en eso y no en otras cosas. Hoy no vemos ningún sentido a la pervivencia de la estrategia polarizada sobre la lucha armada. La resolución del conflicto armado tiene que tener una caracterización política, pero es evidente que dentro de esa caracterización no va a estar el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la territorialidad. Ha habido una especie de cierta obnubilación en este proceso.
¿Las relaciones entre ELA y el Gobierno vasco no parecen ir por buen camino?
Es una legislatura en la que se ha dado continuidad a lo que ya venía de malo de antes. Nosotros hemos puesto encima de la mesa muchos datos para justificar una posición sindical. Como en el caso de la política fiscal y el beneficio de la falta de lucha contra el fraude, mientras se cierran presupuestos con un gran superávit y existen necesidades sociales sin cubrir. Este Gobierno privatiza y no hace buena gestión. El Gobierno está realizando una política neoliberal porque tiene la presión fiscal más baja de Europa y está a la cola en gasto social como en Educación y Sanidad. En vez de resolver y entrar al fondo de debate, lo suple con grandes campañas mediáticas y de propaganda. Este Gobierno no puede hacer de su capa un sayo en asuntos que tienen que ver con la democracia representativa en los ámbitos sociales y sindicales. La clase política que está gobernando son muy soberbios y son inmunes a nuestras demandas. Hace ocho meses le hemos pedido al consejero de Educación, Txontxu Campos, una reunión para hablar de Hobetuz y todavía estamos esperando. Parece que ha llegado a la Administración Pública una casta cuasi aristocrática que se blinda así misma y, a partir de ahí, determina quien tiene o no cabida.
¿Significa que el Gobierno vasco rechaza el papel de los sindicatos como agentes sociales?
Un sindicato puede denunciar el fraude fiscal, sobre todo cuando hay gente que a través del IRPF no tiene ninguna escapatoria. En el mundo se ha decidido que no se va a financiar el Estado de Bienestar. Estamos en una fase impresionante de acumulación de beneficios y quien han decido eso ha encontrado eco en la clase política. Lo fundamental es que hay una alianza fáctica entre quienes deciden de verdad quienes son los poderes económicos y quienes toman las decisiones para beneficiar las posiciones de esos poderes. Para nosotros el crédito político de este Gobierno está agotado.
¿Parece que este año la negociación colectiva va por mejor camino que en el pasado?
Nosotros tenemos una experiencia muy buena en Construcción de Guipúzcoa. Ha salido un buen convenio. En el año 2007 están pasando cosas muy interesantes desde nuestro punto de vista. En función del bloqueo patronal a la negociación colectiva en una situación del mercado de trabajo de pérdida de poder adquisitivo y unos beneficios empresariales que claman al cielo, hemos llegado a la conclusión de que hay margen para reivindicar, y ser más exigentes. En ese sentido, el año 2007 marca un camino que hay que seguir recorriendo y que lo tenemos muy interiorizado. La huelga es un instrumento esencial y cuando se hace un planteamiento de ese tipo a quien le tiene que preocupar es a la patronal y no a los sindicatos, como hemos visto en algunos casos. A ELA le encantaría moderarse, pero no nos van a poner en la duda.
¿Por qué ese cambio de posición en la negociación colectiva?
Adegi mantiene cautivos determinados sectores en la negociación colectiva para no dar autonomía a las posibilidades de negociación. Nos consta que en algunos sectores de comercio hay empresarios que no tienen ningún problema en reconocer la retroactividad, entre otras cosas, porque la han ido aplicando. El planteamiento de no reconocimiento es una cuestión de disciplina que pone Adegi en aquellos sectores donde cree que el nivel de contestación sindical va a ser más bajo porque cree que va a condicionar la posición de los sindicatos en otros sectores. Ya es hora de que Adegi se de cuenta que para nosotros cada ámbito tiene su recorrido, su propia dialéctica y que buscaremos acción sindical para lo que queremos en cada sector.
¿La negociación se está haciendo a nivel de empresas?
Una de las características de la negociación colectiva de este año es que en muchas pymes existe negociación colectiva. La realidad del mundo del trabajo con una importante precariedad y unas políticas de subcontratación está pidiendo que se haga una negociación colectiva distinta. Por eso, la patronal quiere que los parámetros de negociación sean comunes a todos los sectores.
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