
David Millar, uno de los cinco ciclistas británicos en el presente Tour, durante el prólogo de ayer.
asegura Alasdair Fotheringham, especialista en ciclismo del diario londinense The Independent , que en la década de los 90, pese a los tres prólogos que conquistó Chris Boardman en el Tour de Francia (1994, 1997 y 1998) el ciclismo británico se arrastraba, literalmente, por los suelos. "Estaba muy mal", acierta a decir en un castellano pintoresco, perfilado en la Granada mozárabe, su lugar de residencia habitual. Pero algo ha cambiado en el ciclismo británico. Ayer cinco ciclistas de las islas fueron de la partida en el prólogo de la ronda gala, el mayor número de los últimos veinte años. No sólo es cuestión de cantidad; David Millar, Bradley Wiggins, Mark Cavendish, Geraint Thomas y Charles Wegelius, blanden con orgullo la bandera de su país en el pelotón internacional. De los cinco sólo Wegelius y Thomas no han ganado este año, mientras que los otros tres, Millar, Wiggins y Cavendish, se han impuesto en, al menos, una carrera del Pro Tour. "¿Dónde está el secreto? En el WCPP", sostiene Fotheringham. Luego, se explica. Dice que bajo esas siglas se esconde el revolucionario programa dibujado entre sueños a finales de la década de los noventa por Peter Keen (quien fuera preparador de Boardman) y puesto en marcha con la entrada del nuevo siglo: World Class Performance Plan . El programa alumbró un nuevo camino para un deporte, el ciclismo, poco popular entre la población inglesa.
El programa ideado por Keen tiene su base de operaciones en una minúscula y descolorida oficina en el interior del velódromo de Manchester con paredes vestidas con las instantáneas de los oros británicos en los mundiales de pista y en los Juegos Olímpicos. Entre ellas destacan unas recientes, de colores vivos y sonrisas relucientes: de Atenas'2004. El ciclismo británico tocó el cielo en los últimos juegos. "Por primera vez en la historia, el ciclismo se convirtió en uno de los deportes que más medallas dio a nuestro país, concretamente el tercero", asegura el periodista en un tono que mezcla la emoción con el orgullo de ver, por fin, que el deporte de las ruedas hace camino en Inglaterra.
Bradley Wiggins (Gante, 1980) es uno de los frutos, a medias, de ese proyecto que basa su éxito en un continuo seguimiento, in situ , de los corredores y una dedicación espartana pero forrada de sentimiento. Hand Made , que dicen en inglés. Productos artesanos. Alfareros del siglo XXI. De hecho, según revela Fotheringham, uno de los preparadores del WCPP, Matt Parker, viajaba en el asiento del copiloto del coche del Cofidis que seguía al tres veces medallista en los Juegos de Atenas (oro en 4 kilómetros persecución, plata en persecución por equipos y bronce en Madison) durante el recorrido de la que hasta ahora es su victoria más reluciente desde que se estrenara en 2003 en carretera: el prólogo de la Dauphiné Libéré.
Un resultado que le hizo soñar con vestirse de amarillo en el Tour, en Londres, aunque ayer no lo lograse. Antes de que se iniciara la ronda gala, los ciclistas británicos tenían aspiraciones, serias, de poder ganar las dos etapas que transitan por suelo británico ("Algo impensable en 2000", dice Fotheringham frunciendo el ceño): el prólogo con Millar y Wiggins y la primera etapa en línea de hoy con final en Canterbury con Mark Cavendish (Islas Man, 1985). El Corredor del T-Mobile, un sprinter de nuevo cuño, es, junto al corredor del Barloworld Geraint Thomas (Cardiff, 1986), la constatación del éxito del WCPP. Ambos han salido, directamente, de la factoría de Keen.
Una progresión increíble Cavendish, más famoso quizás por ser uno de los dos corredores que firmaron la polémica carta de la UCI contra el dopaje en la misma rueda de prensa en la que el estamento que rige los designios del ciclismo mundial presentó el repudiado documento, se ha destapado este año con seis victorias, cuatro de ellas de alcurnia: dos etapas en la Volta a Catalunya y otras dos en los Cuatro Días de Dunkerque.
Es un enamorado de los sprints. Se prendó de ellos cuando no era más que un crío, "viéndolos por televisión", asegura el primer ciclista de las Islas Man de la historia que participa en el Tour. No son muchos sus referentes británicos. Apenas dos velocistas. Malcom Elliot es el más cercano. El ciclista de Sheffield disputó dos Tours; el primero cuando Cav apenas tenías dos años, en 1987, y el segundo un año más tarde en 1988. No obtuvo victorias. Sí ganó, hasta en ocho ocasiones, el ciclista británico más rápido de la historia, Barry Hoban, que acumuló ese número de victorias de etapa en el Tour de Francia (récord de su país) entre 1960 y 1970. Cavendish puede tomar hoy el testigo del mítico Hoban.
Uno de los factores más importantes que ha propiciado el éxito del ciclismo británico es el cambio de mentalidad de los corredores. Steve Peters, un psicólogo que se unió al WPCC hace ahora tres años, es la llave de esa mutación. "No es un psicólogo deportivo convencional. Normalmente esta figura centra su esfuerzo en lograr que los deportistas se centren en la carrera. El evento deportivo es su referente. Peters no lo ve de esa manera. Primero busca arreglar los problemas que el ciclista puede tener en su vida cotidiana y una vez resuelto ese aspecto, se centra en la competición", aclara Fotheringham. Una visión anhelada: el ciclista no es una máquina, sino una persona que sufre los arrebatos del huracán de la vida.
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