
Fabian Cancellara, en el momento de afrontar el prólogo en Londres.Foto: efe
Enviado especial
LONDRES. "Huele a ciclismo", habría dicho el doble ciclista de Kubala (parafraseando al malogrado astro húngaro del balón: "Huele a fútbol") si ayer hubiese alzado la vista mientras cruzaba el Támesis sobre el puente de Westmister para cerciorarse, puestos los ojos sobre el monumental Big Ben, de que, efectivamente, sus tres campanadas metálicas anunciaban las tres en punto. La hora deseada. El momento esperado. Arranca el Tour. Lo maquinaria la puso en marcha el Barloworld Enrico Degano, después de una cuenta atrás sobre la rampa de salida del prólogo londinense que emulaba el trepidante final de, por ejemplo, un partido de baloncesto en el que los marcadores se persiguen durante todo el encuentro para separarse sólo a la voz del bocinazo final. Un alivio. ¡Por fin! El Tour y el deporte de las dos ruedas abandonaron a la hora fijada ese limbo hilado de tensión en el que ha vivido los últimos dos días de exilio en Londres. Y lo hizo por la puerta grande. El aroma a ciclismo hubiese llevado al Kubala virtual hasta la segunda, tercera o incluso cuarta fila de una valla de 7,9 kilómetros de longitud que resguardaban unos raíles. Por allí pasó el tren kazajo: Kazakhstan Railways patrocina también al Astana. Una maravilla de la ingeniería; es el único en el mundo con dos locomotoras, una de tecnología casera, kazaja, robusta; la otra alemana, cuadriculada, fabricada en la antigua República Democrática de Alemania, cuna de grandes campeones. Las máquinas atienden a los nombres de Vinokourov y Klöden.
Dos de los máximos favoritos a vestir el último maillot amarillo en París reforzaron ayer su condición en el prólogo de Londres. No ganaron, no. Pero Klöden, segundo, y Vinokourov, séptimo, fueron los mejores (entre ellos sólo se coló un espectacular Karpets) de los llamados a reinar en un Tour, que eso sí, que a nadie se le olvide, no ha hecho más que comenzar.
La lucha por el primer amarillo, sin embargo, no tuvo color. Bueno, en realidad, sí que lo tuvo: fue arco iris. El que luce desde que el pasado año se impusiera en el mundial de contrarreloj disputado en Salzburgo Fabian Cancellara, Espartaco. Con ese sobrenombre conocen al suizo sus compañeros de equipo en el CSC. ¿Por qué? Salta a la vista: es un toro, un gladiador. Su arena: la contrarreloj o las clásicas más salvajes, como la París-Roubaix, donde hace ahora dos años mordió el pedrusco que se lleva el ganador tras rebelarse contra el reinado casi anárquico del emperador Boonen y sus legionarios, el Quick Step. Lo dicho, como Espartaco.
Ayer volvió a sacar su genio en la arena de Londres. Para muestra, los dos últimos kilómetros de su crono. Para ponerse a temblar. Así debe seguir todavía, espantado, el motorista que precedía al campeón del mundo cuando éste trazaba la última chicane del recorrido. Le pasó por encima. La necesidad movía las bielas del suizo: quería el maillot amarillo. No por ambición, por deseo de triunfo o por engordar su palmarés con su segundo prólogo victorioso en el Tour después del que conquistó en 2004 en Lieja, sino porque no tenía ropa. "Ahora ya tengo con qué vestirme", bromeó Cancellara al saberse ganador, ya engalanado con la prenda sagrada del Tour, descubriendo que sus maletas, como las de todo el equipo CSC, siguen perdidas en el aeropuerto londinense de Heathrow. "Tampoco me he podido afeitar", prosiguió, atusándose una barba de tres días, un reto a la aerodinámica.
primeros destellos Ganó Cancellara y Klöden y Vinokourov fueron, de largo, los mejores de la terna de favoritos de la que también despuntó la pedalada vigorosa del bisoño Contador. El madrileño de Pinto se quedó a 35 segundos de Cancellara. Un pico, 22 segundos, le separaron de Klöden, pero la pérdida con respecto a Vino fue ínfima, un soplido: apenas cinco segundos. De entre los grandes favoritos el peor parado fue Valverde. El murciano, que el año pasado se lució con un quinto puesto, no pasó ayer de la 32ª plaza y cedió 30 preciosos segundos con respecto a Klöden. Kashechkin (que perdió 22 segundos con el alemán), Evans (23), Pereiro (24) o Leipheimer (27) lo hicieron mejor que el del Caisse d'Epargne. Al carro del desatino se subieron también Popovych, Sastre o Schleck, aunque la pérdida de ninguno superó el minuto con respecto al primer líder Cancellara, el Espartaco de la arena de Londres.
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