
Lugar conocido como Eztepasakon, antiguo puesto de Mikeletes, situado a 600 metros del siniestro.
Máximo Zumalde nunca había visto un helicóptero tan de cerca. Ronda los sesenta años y vive en una de las nueve casas de Madina, un barrio encaramado en las faldas de Arantzazu, en el distrito de Araotz de Oñati. Había bajado a la carretera que lleva al pueblo con su todoterreno y se quedó extrañado al ver volar un aparato tan bajo. "Era un cacharro elegante, lo podía distinguir bien, pero yo creo que ya traía algún problema porque no es normal que vuele tan bajo por aquí. Daba la impresión de que estaba perdido", explicaba.
Los pocos vecinos que quedan en esta zona rural se sorprendieron al ver un helicóptero, aunque pensaron que venía a revisar la línea eléctrica. Tras cruzarse con la nave, Zumalde vio cómo se alejaba e intentaba subir "a una zona donde había mucha niebla sin saber el monte que había". Todavía resonaba en sus oídos "el ruido tremendo, como el que suele haber en una cantera", que sobresaltó a casi todos los vecinos unos instantes después. "Ha sido un susto muy grande. Lo ha oído hasta uno que está casi sordo", contaba. No pudo ver nada, por la niebla, pero enseguida comprendió que se trataba de un accidente.
"Mi marido estaba blanco cuando me lo ha dicho. ¡Qué pobre gente! Nunca lo hubiéramos imaginado. Enseguida hemos pensado que había personas allí y que había que hacer algo. Hemos llamado a la Er-tzaintza", decía Arantza, la esposa de Zumalde.
El lugar en el que ocurrió el accidente no es accesible más que en vehículos todoterreno y hasta allí fue Mikel, el hijo de este matrimonio, uno de los pocos que pudieron presenciar el espectáculo dantesco poco después del suceso.
"Mikel ha ido a ver si podía ayudar, pero en cuanto ha llegado, se ha dado cuenta de que no había nada que hacer. Ama, mejor que ni te acerques porque es mejor no verlo', me ha dicho ", comentaba Arantza, que interrumpía la conversación cada cinco minutos para atender las llamadas de sus allegados. "Hemos salido a por unas ovejas y cuando hemos vuelto tenía 14 llamadas. Nos han llamado familiares para ver si estábamos bien".
Tomás vive en un caserío que está un poco más arriba del de Máximo y Arantza y también le sobresaltó el ruido. La niebla y el monte que separa su casa del lugar del siniestro le impidieron ver lo que ocurrió y lo primero que le vino a la cabeza fue que alguna cabra había hecho algo raro. Después lo relacionó con ese helicóptero que llevaba un rato volando por los alrededores. Trató de llegar andando para ayudar pero está operado del corazón y no se atrevió a subir las empinadas cuestas, así que desistió.
Sus vecinos Hilario y Amparo apenas percibieron el estruendo. "Yo estaba afuera con las maderas y se oía un ruido todo el rato, que sería el del helicóptero. Y, de repente, se ha parado el ruido. Como hay monte delante, no he oído el golpe, unos sonidos de lejos, pero muy poco. Había mucha niebla, no se veía nada. Un rato después nos ha llamado el hijo y nos ha dicho lo del accidente", relataba. Su mujer asentía y se lamentaba. "Ha pasado, y ya está. Nadie quería algo así, pero ha pasado".
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