
Adriá da explicaciones a pie de escalinata del Museum Fridericianum, epicentro de la Documenta.Foto: efe
kassel (alemania). La Documenta abrió ayer la caja de las sorpresas, con 500 obras de todo el planeta concentradas en Kassel, a excepción del cocinero Ferran Adrià, que en lugar de emplazar su obra en esta ciudad alemana, como se esperaba, ha preferido convertir su restaurante en un apéndice de la Feria.
Cuando la mayoría esperaba ver trasladado a la Documenta algo del espíritu de el Bulli y su innovación culinaria, el invitado de honor confirmó su reputación de "hombre sorpresa" y optó por hacer que durante los 100 días de duración de esa feria su restaurante sea denominado el Pabellón G de Kassel, existente sólo en el catálogo.
"Hace veinte años que no cocino fuera de el Bulli, porque no concibo otra experiencia. Por eso el Bulli se convierte en el Pabellón G de Documenta", defendió Adrià, multiplicándose en dar explicaciones a los medios, horas antes de la presentación oficial. Buergel admitía que "Ferran era un caso difícil", ante el que hubo que optar por la "solución excepcional" de "descentralizar Kassel". El concepto elegido por Adrià -y bendecido por Buergel- contrasta claramente con el espíritu defendido por el director de la Documenta ante esa misma conferencia de prensa: hacer del arte una experiencia colectiva, atraer y hasta "cultivar" al gran público.
Si se prevé que por Kassel pasen, a lo largo de sus 100 días de existencia de la feria -del sábado, apertura oficial, a su clausura el 23 de septiembre-, 650.000 personas, por el "apéndice" de el Bulli lo hará una representación mínima de unos 200 elegidos. El restaurante de Adrià, fiel a su ideario, seguirá practicando esos 100 días la norma de la casa atender a sus 50 comensales, pero tendrá una "mesa Documenta", en la que se sentarán dos asistentes a la feria.
"A la arbitraria dirección de Documenta le corresponde elegir quiénes son", explicó Buergel, entre las risas socarronas de los medios y con cierta ironía, consciente de que ello no cuadra mucho con lo de hacer participar al gran público. Mientras algún periodista le hacía ver a Adrià la decepción del asistente de a pie a la Documenta, que se quedará sin "degustar" su arte, Juan Mari Arzak apuntalaba su idea de extender la Documenta "a 2.000 kilómetros de Kassel", unos 500 menos, en realidad, pero esa era su cálculo, grosso modo.
Adrià es sólo uno entre los 113 artistas presentes en la Documenta, con un volumen de más de 500 obras. África, Latinoamérica y Asia son los grandes protagonistas, según Buergel, que busca en las periferias artísticas las esencias de esa "experiencia colectiva".
Pero la inclusión de Adrià en el catálogo de artistas ha levantado cierta polémica. De la controversia sobre si la cocina es arte se pasó a si se considera "participante" a alguien que sólo está en Kassel de visita -el sábado abre la temporada de el Bulli-, mientras que la presencia de su obra ahí se limita a su nombre escrito en el catálogo y guía, como un Pabellón G, situado en España.
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