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Trabajos de construcción del muro de costa de la Zurriola en el barrio de Gros.
Lo que durante siglos fue un gran arenal plagado de dunas se convirtió, a finales del siglo XIX, en un lujoso barrio que fue consolidándose a lo largo del XX. El primer artífice de este cambio fue José Gros, quien adquirió en 1849 la mayoría de los terrenos de la zona con el objetivo de realizar una plantación de árboles y mejorar su aspecto. El barrio que años después se levantó sobre las antiguas dunas, impulsado por su hijo Tomás Gros, fue bautizado con el apellido de sus principales promotores.
Antes, hacia 1840, los planos de la margen derecha del río Urumea delataban la existencia de algunos caseríos, el convento de San Francisco (construido en 1606 en el camino entre Loiola y Pasaia) y la regata de El Chofre, que descendía desde Ulia y desembocaba junto al puente de Santa Catalina. Entre el monte Ulia y el río Urumea se extendían los conocidos como arenales de San Francisco, uno de los lugares más frecuentados por los donostiarras de la época, que se sentían atraídos por la abundancia de árboles y agua potable, según queda reflejado en el libro Historia del barrio de Gros , escrito por Fermín Muñoz, habitante de este barrio.
Estos terrenos fueron adquiridos por el vecino José Gros en 1849, quien escribió una carta al entonces alcalde, Eustasio Amilibia, explicándole su idea de mejorar los arenales con una plantación de árboles. El Ayuntamiento admitió la propuesta y tasó los terrenos en 7.280 reales, una cifra asequible para Gros, quien estaba dispuesto a abonar hasta 8.000 reales.
Una vez en manos de Gros, los donostiarras continuaron extrayendo arena de Ulia para utilizarla en las huertas de sus caseríos, tal y como venían realizando desde años atrás. Además, la construcción de la estación del Norte, cuya obra comenzó en 1858 y se inauguró en 1864, conllevó un importante rebaje de las dunas. También contribuyó a ello el encauzamiento del Urumea, que permitió ganar 200.000 metros cuadrados de terreno al mar.
Así se llegó a 1891, con la casi totalidad de las dunas rebajadas, con la excepción de la de la plaza de toros, que permaneció en pie hasta 1974. La plaza se levantó a principios del siglo XX. Para ello fue necesario eliminar la fuente del Chofre, que manaba agua potable de la mejor calidad y apta, incluso, para cocer alimentos. A finales del XIX se había habilitado un nuevo lavadero junto a la carretera de ascenso hacia la plaza de toros con el objetivo de sustituir al anterior.
calles
Adoptan sus nombres
En apenas cinco años se extrajeron 900.000 metros cúbicos de tierra procedente de las dunas y se comenzó a pensar en urbanizar la zona. Hasta entonces, Miracruz era una de las pocas calles que se podían apreciar en los planos. La vía adoptó este nombre, porque se trataba del camino que conducía al alto desde el que podía divisarse la basílica del Santo Cristo de Lezo. Según la tradición, los caminantes debían rezar una oración al verla.
A Miracruz le siguieron Iparraguirre, Zabaleta, Trueba, Gran Vía, Padre Larroca, el paseo de Colón o San Francisco, que adoptaron sus nombres también durante esta época.
El Ayuntamiento proyectó la construcción de villas con jardines para la colonia veraniega en el paseo de Colón, calles anchas y rectas, manzanas ventiladas, sin obras monumentales ni costosas. El coste de la urbanización ascendía a 330.000 pesetas, que serían financiadas a razón de 15.000 pesetas al año.
Una década después, en 1907, una Real Orden permitió ganar terrenos al mar, lo que desató las protestas de los vecinos del paseo de Colón, a quienes la construcción de casas altas delante de las suyas les quitaba la situación privilegiada que ostentaban hasta entonces.
Diez años más tarde se aprobó la construcción del nuevo muro de costa, la playa, un puente, el edificio del Gran Kursaal, aceras, plazas y jardines. El puente de la Zurriola se abrió al público el 14 de agosto de 1921 y, un año después, lo hizo el Gran Kursaal, considerado uno de los mejores casinos de Europa hasta que el general Primo de Rivera suprimió el juego en 1924. Éste se derribó en 1970 y dio paso a un solar sobre el que, dos décadas después, se levantó el Kursaal actual, diseñado por Rafael Moneo.
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