Diario de Noticias de Gipuzkoa

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La amenaza del cruento camino de 1999

responsables de la lucha antiterrorista no descartan otra campaña de asesinatos

Las dudas se ciernen en torno a la capacidad operativa de una organización muy desgastada durante los últimos años

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VITORIA. La constatación de que ETA está dispuesta de nuevo a matar forzó ayer a la clase política y a la sociedad en general a fijar la mirada en el cruento camino que transitó la banda armada en 1999 tras la ruptura de la anterior tregua el 3 de diciembre. Entonces, los terroristas tardaron algo más de mes y medio en volver a asesinar.

Su primera víctima, fue un coronel del ejército, Pedro Antonio Blanco García, que falleció en Madrid al estallar un coche bomba mientras esperaba la llegada de su vehículo oficial. El socialista Fernando Buesa y su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza, murieron 31 días después en Vitoria, en un atentado que marcaba el inicio de una campaña de terror que tuvo como objetivos a concejales socialistas y populares , y que dejó un trágico reguero de sangre: 21 asesinados en el año 2000, 15 en 2001, cinco en 2002 y tres en 2003.

Junto a los cargos públicos del PSOE y el PP, también cayeron por esa senda de la violencia agentes de la Ertzaintza; guardias civiles; el director comercial del Diario Vasco , Santiago Oleaga; el columnista de El Mundo y miembro del Foro Ermua, José Luis López de Lacalle; el presidente de la patronal guipuzcoana, José María Korta, una niña de seis años en Santa Pola y dos trabajadores de Elektra que estaban en el momento equivocado en el lugar en el que ETA había colocado un coche bomba. La sociedad entera quedó atrapada bajo la amenaza.

Aquella socialización del dolor empujó a la ciudadanía vasca a una época de tensión tanto política como militar, utilizando el léxico del Movimiento de Liberación Nacional Vasca . De aquella polvareda nació la estrategia de bloques, la polarización de los mensajes de los partidos, que se enterraron en trincheras escarbadas en la roca de sus posiciones más inamovibles. Despejadas la dudas sobre las intenciones reales, la incertidumbre se cierne ahora en torno a si la banda terrorista tiene capacidad para que su voracidad llegue a los niveles de hace siete años. Fuentes de la lucha antiterrorista no descartan que sea esa su determinación.

Sin embargo, existe también el convencimiento de que la operatividad de ETA, muy desgastada durante el periodo anterior a la llegada de Zapatero a La Moncloa, no le permitirá mantener un pulso similar a aquél con las Fuerzas de Seguridad del Estado. La violencia se desató entonces tras el fracaso de la vía abierta con la Declaración de Lizarra y tras rechazar PNV y EA una delirante propuesta de ETA que pretendía sustituir las actuales instituciones vascas por unas diseñadas ad hoc con el objetivo de eliminar en términos políticos a los partidos no abertzales.

La feroz campaña de violencia de principios de esta década perdió fuerza gradualmente a medida que aumentaba la presión policial y política, instrumentalizada esta última a través del Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos, que cercenó, bordeando los límites de la legalidad, los derechos políticos de miles de ciudadanos.

Los argumentos que utiliza ahora ETA para justificar su derecho a segar vidas encuentran paralelismos en las críticas que precedieron el anterior periodo de hostigamiento a cargos públicos socialistas y populares . En este caso con socialistas y jeltzales como culpables expiatorios de la responsabilidad propia.

El panorama político actual, en cambio, es sensiblemente distinto. El respaldo con el que cuenta Zapatero es mucho más plural que el que concitaron el PSOE y el PP con su férrea alianza, a pesar de que la oposición de Mariano Rajoy resta efectivos en el Congreso de los Diputados en términos numéricos. Tampoco es el mismo el clima que se respira en el entorno de la izquierda abertzale histórica, que sufrió la escisión de Aralar tras la ruptura de la tregua de 1998 y experimentó un retroceso de representación en unas instituciones que seguirá teniendo vetadas.

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