Editorial
Palabras mayores
NTRE las diversas modalidades de presión, o de protesta, que utilizan sectores sociales afines a la izquierda abertzale hay un amplio abanico que va desde la encartelada hasta el cóctel molotov, pasando por la obstrucción o interrupción de actos. En esta campaña electoral, a cuenta de la ilegalización de buena parte de sus candidaturas, elementos cuya adscripción política es evidente han llevado a cabo una estrategia perfectamente planificada para presionar al resto de las formaciones políticas e impedirles llevar a cabo sus actos electorales con normalidad. No es ésta, ciertamente, una campaña electoral normal. Y no lo es porque se ha impedido a un sector de la población a ejercer plenamente su derecho a votar y ser votados. Tampoco lo es porque la actividad política del resto de las opciones tampoco ha podido ejercerse con libertad a causa de la presión y el hostigamiento de quienes han visto coartado su derecho electoral. De hecho, nunca han sido normales las campañas electorales en la CAV y Navarra, al menos desde que buena parte de los candidatos han necesitado escolta, detalle que parecen ignorar los que hoy apelan al derecho democrático a concurrir a las elecciones. En cualquier caso, esas contradicciones no parece que nunca les hayan preocupado. La estrategia adoptada en esta campaña por quienes, por necesidad derivada de su injusta ilegalización, han sido acogidos bajo las siglas de ANV ha sido la de acompañar a su legítimo discurso político una intolerable actividad intimidatoria contra todos los demás, utilizando unos procedimientos violentos que hasta el momento no han sido rechazados, ni criticados, ni denunciados por un partido, ANV, en cuyos estatutos consta el absoluto rechazo de la violencia. Ayer, en Zarautz, no se limitaron a la pancarta, ni a la pintada, ni al boicot, ni al acompañamiento intimidatorio; subieron el listón. El candidato por el PSE al Ayuntamiento de Getaria
José Antonio Elola
tuvo la suerte de que el artefacto casero bajo su coche limitase su explosión a una humareda sin más daños. Los aprendices de brujo que lo colocaron no sabían lo que iba a ocurrir, porque la mezcla de gasolina, aerosoles y mecha de iniciación lo mismo puede derivar en humo que en tragedia. Y eso ya son palabras mayores.