
Ganar siempre conlleva perder. Eso lo sabe muy bien esta película, que se alzó con dos primeros premios en la pasada edición del Festival de Donostia, provocando que muchas de las reacciones favorables recibidas en su estreno se tornasen en agrias críticas por culpa de una decisión no compartida. La ligereza de DiCillo frente a la gravedad de Forever o al intenso alegato pacifista de Hana pareció más frívola de lo que es. Además ocurre que DiCillo es el eslabón más débil de esa generación de indies neoyorquinos encabezada por Jim Jarmusch y Spike Lee, lo que le convierte en presa sencilla para quienes no participan de lo que hicieron y representan.
Ahora bien, una cosa es incuestionable. DiCillo no ha dado un paso atrás ni ha renunciado a su libro de estilo. El autor de títulos como Johnny Suede , Vivir rodando y Una rubia auténtica insiste en ese cine que le vio nacer. Deja de nuevo que Steve Buscemi le represente y, en esta ocasión, radiografía el camino del éxito y la fama.
Un paparazzi de tercera acoge a un pueblerino de cuarta. El viejo zorro que se gana la vida robando imágenes a los famosos cuando caminan por la línea oscura decide, a su pesar, ayudar al joven y guapo patán. Con ese pretexto, DiCillo mezcla lo real con la ficción, por ejemplo: Elvis Costello hace de Elvis Costello y Buscemi se las arregla para hacer verosímil uno de sus característicos personajes. Como avisa su título, DiCillo se introduce en un mundo dislocado en el que la fama y el glamour se llenan de nada y en donde el chiste verbal y el gesto preciso suplen la incomodidad de hablar de cosas solemnes y graves historias. Básicamente este filme da la vuelta a la vieja historia de Pigmalión y homenajea a Cowboy de medianoche . Aquí el mentor es superado por el aprendiz. Mientras cuenta esto, DiCillo aprovecha para redescubrirse con la vitalidad de su comienzo y para entonar otra canción sobre la amistad y el buen rollo. A nadie se le escapa que el positivismo proverbial del cineasta hace increíble la sugerencia que preludia un asesinato a cargo de quien el espectador ya sabe, es incapaz de hacerlo. Más que delirio esto es deriva bondadosa, algo que siempre gusta aunque nunca está de moda.
Dirección y guión: Tom DiCillo. Intérpretes: Steve Buscemi, Michael Pitt, Alison Lohman, Gina Gershon, Callie Thorne, Kevin Corrigan, Richard Short, Elvis Costello y David Wain. Nacionalidad: EE.UU. 2006. Duración: 107 minutos.
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