
Colaboración
La victoria de Sarkozy en las elecciones francesas con un 53% de los votos sobre Ségolène Royal -con un 47%-, y una participación récord del electorado, tiene varias lecturas. La primera, que este resultado demuestra que en los últimos lustros la sociedad francesa se ha movido hacia la derecha. Sarkozy hizo suyo el ideario de Le Pen, que ha contaminado la política francesa. Ahora, después del resonante triunfo, se ve en la obligación de rectificar y de abandonar su "gusto por la intimidación y la amenaza", como le criticó el centrista Bayrou.
La segunda lectura es la altisonante declaración del candidato conservador, convertido ahora en presidente, de enterrar el mayo del 68 que, según él, "ha traído tantos males a Francia"; pero, como advertía el escritor Manuel Rivas, "el mayo del 68 fue enterrado en junio del 68" y hasta el filósofo Glucksman, hijo de aquel sueño o mal sueño, es hoy un fervoroso seguidor y apóstol del ideario conservador de Sarkozy. O sea, la fórmula y el lema del príncipe de Salina: "Es preciso que todo cambie para que todo siga igual".
La tercera de las lecturas, y ésta es más seria o profunda, es la de la recomposición de la política francesa. Según un análisis de Alain Touraine, "tanto en Francia como en otros países, la oposición derecha-izquierda, que no ha desaparecido en absoluto, se encuentra debilitada por lo que se ha llamado crisis de la democracia representativa, es decir, por la ausencia de una correspondencia directa entre las alternativas políticas y las diferentes opciones históricas, políticas y culturales".
Este mismo sociólogo opina que "el problema de la transformación del sistema político francés pasa, antes que nada, por una necesaria transformación de la izquierda. Ésta sigue siendo heredera de la socialdemocracia de los años treinta y, en particular, del Frente Popular".
Si nos centramos en los dos protagonistas de las elecciones francesas, Sarkozy y Royal, los dos han cautivado al electorado hasta movilizarlo a las urnas con un 82% en la primera vuelta y un 85% en la segunda, hitos desconocidos en Francia desde los años 80. Por tanto, los dos, el conservador y la socialista, han hablado un lenguaje nuevo y se han presentado como renovadores de la política francesa, anquilosada y a la baja. ¿Es Sarkozy un reformista, un renovador? ¿Es Ségolène una innovadora, alguien que ha puesto al Partido Socialista Francés patas arriba? Lo dudo y lo dudan muchos. El escritor mexicano Carlos Fuentes establece una diferencia muy sagaz entre ambos políticos: "Sarkozy pregona el ascenso social acorde con los méritos de cada cual; Ségolène, el ascenso de cada cual acorde con sus derechos. Es una importante diferencia. El mérito puede ser recompensado sin justicia. Los derechos, por definición, no".
Un editorial de un importante periódico hace patente el riesgo que ha de afrontar Sarkozy al entrar como presidente al Elíseo: "Sarkozy tiene ahora que combatir al que se puede convertir en su peor enemigo: él mismo y su tendencia al populismo" , y además, su otra tendencia al autoritarismo, de la que ha dado muestras palmarias como ministro del Interior frente al problema de los marginados en rebelión de los barrios periféricos de Lyon, y de otras ciudades. Su otro reto inmediato es que Francia salga unida y fuerte de su crisis real y psicológica. Para llevar a Francia a donde quiere y a donde se ha propuesto Sarkozy necesita ganar las elecciones legislativas de junio y es otro de los albures que debe correr el pequeño Napoleón de Neully. Enfrente tiene a una Ségolène que, con sus 17 millones de votantes, su sonrisa segura y su arrojo de modernizadora espera convencer a los que no la han votado y a los que sí, porque ella representa un socialismo moderado y una vía hacia el centro, ya que la cosecha de votos sólo puede venir a la madame del centrismo de Bayrou, si es que éste no se siente muy seguro de sus partidarios o muy innovador en su programa de renovación.
Hasta ahora Ségolène ha prescindido de la cúpula del viejo partido y ha hecho su carrera al Elíseo en solitario, pero esta otra maratón requiere un mejor entrenamiento y unos compañeros que la apoyen en su aventura.
Francia ha virado hacia la derecha, pero las tendencias marcadas van desde la lucha por el centro, y la necesidad de los votos de los partidarios de Bayrou, que sumaron un 18,6% en la primera vuelta. ¿Qué decidirá Bayrou? ¿Apoyar a Sarkozy y su orgullo de ser francés o apoyar a Ségolène y el ascenso de cada cual con sus derechos? Éste es el dilema.
* Periodista
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