Editorial
Líbano, sin remedio
N Líbano, escenario habitual del interminable enfrentamiento por el control de la región, ha irrumpido como una nueva maldición la presencia de Al Qaeda. En los trece campos de refugiados palestinos en ese país el control está en manos de las milicias palestinas, de forma que no hay ninguna autoridad ni fuerza libanesa sobre ellos. Se da la circunstancia de que uno de esos campos, el de Nahar Al Bared, el control ha pasado a manos -a armas- de un nuevo grupo armado, Fatah Al Islam, disidente del histórico Al Fatah y que está bajo la influencia de Al Qaeda y su revolución islámica. Es desde ese campo, precisamente, de donde, al parecer, partieron los primeros ataques contra el Ejército libanés. Esa gasolina lanzada al fuego de un Ejército que jamás vio con buenos ojos el establecimiento de los campos de refugiados palestinos en su territorio, dio pie a una ofensiva de extrema dureza contra el campo de Nahal Al Bared. El Ejército lanzó un ataque brutal contra este campo que alberga a unos 30.000 palestinos, con el resultado de un centenar largo de refugiados muertos en tres días. Entre ataques de los soldados libaneses y hostigamientos de los milicianos sunís de Fatah Al Islam, vuelve a salir a la luz la tragedia de Líbano que coincide, además, con una crisis política galopante en Cisjordania. Todos -cristianos, musulmanes y judíos- están utilizando el frágil escenario libanés para hacerse con el control del polvorín de Oriente Medio, y ahora sólo faltaba Al Qaeda para complicar más las cosas. En este caso, tanto los dirigentes palestinos de Al Fatah en Líbano como las milicias chiítas de Hizbulá se pronunciaron contra los ataques al Ejército libanés por parte de "un grupúsculo formado por elementos extranjeros e indeseables", en referencia a Fatah Al Islam. Y mientras los militares libaneses arrasan el campo controlado por Al Qaeda, una vez más, quedan abandonados a su suerte las decenas de miles de palestinos refugiados. Ayer, Fatah Al Islam anunció una tregua unilateral y temporal que la ONU aprovechó para socorrer a los refugiados, aunque después de ese momento de calma volvieron a recrudecerse los ataques. Líbano no tiene remedio. La geopolítica le ha situado en el peor lugar posible y en el peor momento histórico.