
Dos personas caminan cerca del humo de una de las muchas centrales térmicas de Europa.Foto: efe
E XISTE una pequeña trampa en el lenguaje utilizado por los científicos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) en sus informes. Con la intención de facilitar la comprensión de sus conclusiones entre el gran público muestran en el último texto la firme intención de la ONU de evitar que el aumento de la temperatura mundial sobrepase los 2º C respecto a los niveles preindustriales. Pero esa unidad de medición (grados centígrados) no es más que una conversión de las emisiones de CO2 a temperatura. Calculando cuánto emitiremos, sabremos aproximadamente los grados que subirá el mercurio.
Porque el IPCC asume que en los próximos años la humanidad seguirá contaminando el planeta, pero fija un tope: un máximo de toneladas de CO2 que equivaldrán a un aumento de la temperatura de 2ºC. Si el límite se respeta, la humanidad podrá sobrevivir dignamente. Si la contaminación es mayor, las consecuencias, a partir de 4º en adelante, serán devastadoras, advierte la ONU. De momento, la temperatura media de Europa ha aumentado 0,94º C, unas décimas más que la media mundial.
El planeta está enfermo porque la humanidad ha prosperado a merced de una actividad económica centrada desde hace 150 años en generar riqueza a través de una energía muy barata: los combustibles fósiles. Basta con extraer el petróleo de la corteza de la Tierra para generar grandes cantidades de energía asequible después de refinar el crudo. La gasolina es la más conocida, pero también se obtiene butano, propano, queroseno, gasóleo, asfaltos, etc.
El petróleo es un recurso natural no renovable y actualmente es la principal fuente de energía en los países desarrollados. Pero la combustión de sus derivados produce productos residuales altamente tóxicos para la Tierra: dióxido de carbono, óxido de azufre y óxidos nitrosos, que causan el calentamiento global.
una vida sin petróleo
¿Regreso a la Edad Media?
Ahora cierren los ojos e imaginen una vida sin petróleo. Tiren a la basura todos los productos de plástico (el teléfono, el ordenador, la nevera y la lavadora, el bolígrafo, los botellines, los tetrabricks, la regadora de Ikea y algunas sillas y mesas), continúen con sus derivados (como el vestido de rayón, la camiseta de verano de poliéster y las pinturas acrílicas que visten las paredes) y acaben con el asfalto de las calle.
Quiten también el agua de las tuberías (bombeadas con electricidad) y olvídense de cocinar con butano. Y lance a la basura todo lo que procede de lejos, transportado por camiones, barcos y aviones gracias a la gasolina (los zapatos made in China y el pantalón made in Marrakech ). Uf, ¿una vuelta a la Edad Media?
Todavía hay algo de petróleo en el interior de la corteza de la tierra. Queda algo menos de la mitad, pero su extracción es cada vez es más difícil y cara, y por cada cinco barriles consumidos en el mundo ya sólo se descubre uno. Dadas las circunstancias, no queda más remedio que adaptarse. ¿Por principios éticos o por necesidad? Sea cual sea su postura personal, poco importa ya.
El cuarto y último informe del IPCC se hará público en noviembre. En él, los 2.300 científicos que trabajan para este organismo de la ONU plantearán las medidas que deberán adoptar los países para conseguir que el planeta no se caliente más de 2º C. Las energías renovables y las restricciones del uso del automóvil centrarán, posiblemente, la batería de medidas propuestas. El cambio climático es una realidad y sus consecuencias son "inevitables", remarca el IPCC. Si seguimos emitiendo gases con la misma intensidad las consecuencias serán "apocalípticas". Las olas de calor ya son una constante, mientras Asia y África sufren las peores sequías de su historia.
Ante este panorama tan poco favorable, el Ministerio de Defensa de Inglaterra encargó a sus servicios de defensa un informe en el que se adelanta las amenazas a las que tendrá que hacer frente en 30 años, y que publicó hace una semana The Guardian . El autor del documento, el almirante Chris Parrym, destaca un aumento del marxismo y el populismo debido a la gran distancia que separará la clase media de los ricos. De hecho, prevé que la clase media se convierta en ¡revolucionaria!
El almirante no se ha vuelto loco. Ha elaborado el documento "basándose en probabilidades más que en predicciones". Es decir, pensado en las migraciones masivas que sufrirá el planeta derivadas del calentamiento global, con millones de personas del tercer mundo caminando hacia el primero, y en la pérdida del poder adquisitivo de la clase media debido al aumento del precio del petróleo y sus productos derivados.
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