Editorial
Nunca será suficiente
UIENES hayan vivido de forma inmediata, directa, las consecuencias de la violencia política jamás podrán ser suficientemente resarcidos. Ni la ayuda económica, ni el reconocimiento social, devolverán la vida a los asesinados ni la paz del espíritu a los suyos. Las víctimas de la violencia derivada del contencioso vasco son aún asignatura pendiente, en primer lugar, porque todavía persisten expresiones de esa violencia y también porque existe una rotunda discrepancia sobre el propio concepto de víctima. Queda todavía mucho camino por andar, y una forma de iniciar ese recorrido es el acto de hoy en el Euskalduna promovido por la Oficina de Atención a las Víctimas del Gobierno Vasco y en cumplimiento de una de las medidas adoptadas por el Parlamento. Es profundamente injusto el boicot del PP y de los colectivos de apoyo a las víctimas que ese partido controla, porque se basa en supuestos incumplimientos de otras medidas que consideran también necesarias para la solidaridad con las víctimas. Cualquier paso en ese sentido que pueda dar el Gobierno Vasco o la Oficina que dirige
Maixabel Lasa
, sería boicoteado primero porque a
Ibarretxe ni agua, y segundo porque las víctimas dispuestas a acudir al Euskalduna no son
sus víctimas, esas víctimas con las que no solamente hay que ser solidarios sino que también hay que coincidir ideológicamente con ellas. Hay que reconocer, por otra parte, la buena disposición y la responsabilidad de partidos y colectivos que han comprometido su asistencia aun manteniendo la inoportunidad de la fecha, o el riesgo de protagonismo, o la discriminación de otras víctimas aún no reconocidas. Porque sería absurdo no reconocer que en el País Vasco existe una clara conciencia en buena parte de la ciudadanía de que también existen víctimas por la otra parte, que hubo crímenes de Estado, o de la Triple A, o del Batallón Vasco Español. Víctimas que no han recibido ninguna ayuda, ni reconocimiento, ni siquiera respeto. El acto del Euskalduna es un homenaje necesario, es una parte recorrida del largo camino hacia la reconciliación de la sociedad vasca que, por cierto, también ha sido y es víctima de la incompetencia y la intransigencia de quienes no son capaces de llegar a un acuerdo que destierre para siempre la violencia.