
Varios jóvenes a la entrada de un instituto de Enseñanza Secundaria.Foto: efe
donostia . "Aquí, en el segundo ciclo, hay chavales que siempre están buscando movida. Y se pegan todos los fines de semana. Se pegan fuera de aquí y traen los problemas aquí", reconocía un escolar vasco en el informe Convivencia y conflictos en los centros educativos elaborado por el Ararteko. El estudio concluye que los casos graves de acoso escolar existen, aunque no sean muchos, y el sistema no es capaz de solucionarlos. Han participado en el análisis alumnos de segundo y cuarto curso de ESO de 80 centros escolares de la Comunidad Autónoma, así como padres y profesores. Después de dos años de trabajo, también concluye que el "divorcio" que existe entre las familias y los docentes es un elemento bastante preocupante.
Aunque los casos de acoso extremo a alumnos o profesores son más raros, seis de cada diez alumnos encuestados reconocen que sus compañeros les han ridiculizado alguna vez o a menudo. Otros muchos han sufrido otro tipo de actitudes agresivas, verbal o físicamente, aunque no las califiquen como bullying o acoso.
Ni para ellos ni para otros compañeros que puedan ser testigos del acoso no es fácil denunciarlo: la mitad de los jóvenes reconoce que no denunciaría un caso de acoso o de maltrato si lo viera (sólo el 49,3% de los chicos y el 58,4% de la chicas respondieron que pedirían ayuda). Sobre todo en esas edades comprendidas entre los 13 y 15 años, la presión es muy importante y todavía prevalece el miedo a que se les considere chivatos también, sobre todo entre los chicos, según explica uno de los autores del estudio de la oficina del Ararteko, Fermín Barceló: "Muchos confesaban que hay casos en los que ven que no está bien lo que le hacen a un compañero, pero también reconocen que ellos no hacen nada por evitarlo".
Barceló confiesa que la mayoría de las víctimas no lo cuentan en sus familias y tampoco a sus amigos. "A pesar de todo, es cierto que en los últimos años el número de denuncias ha crecido, aunque eso no signifique que el número de ataques se haya incrementado", explica. Uno de los factores que ha contribuido fue el eco social que tuvo el caso de Jokin Ceberio en Hondarribia, "que despertó una mayor sensibilidad social respecto al acoso escolar y quizás mayor atención".
Además de la parte cuantitativa, en las que los investigadores han reunido las respuestas obtenidas en los 80 centros, en diez de ellos se organizaron entrevistas y sesiones de grupo para tratar de profundizar en algunos aspectos. Así, cuando se les preguntaba a los alumnos sobre casos de acoso o de ignorar a un compañero, "en algunos casos" varios jóvenes respondieron que "igual se lo han merecido".
límites "El colegio es un reflejo de la calle. Y la calle es violencia pura y dura. En el colegio, la manera que tienen de relacionarse es jugando, a jugar pegándose. Lo de la convivencia, el respeto al otro, la tolerancia... Les faltan muchos valores", declaraba en las entrevistas incluidas en el informe un padre con un hijo en edad escolar. En este sentido, otro de los aspectos problemáticos es la definición de acoso, ya que para muchos jóvenes insultar o ignorar a alguien no son conductas que definirían como bullying : "Pienso que los límites entre ataque, broma y respeto no los tienen establecidos o son diferentes a los nuestros", decía, por ejemplo, otro de los profesores.
De todos modos, las distancias que existen tanto entre los profesores y los alumnos como, sobre todos, entre los docentes y los padres de sus estudiantes son otro de los factores que no contribuye a que los casos de acoso desaparezcan: "Yo lo que tengo que hacer es enseñarles matemáticas, y educar, ya les educarán sus padres. Ésa no es nuestra labor", declaraba un profesor en las sesiones de grupo, aunque el estudio concluye que no es ésa la actitud mayoritaria de los profesores. Aún así, muchos de ellos se sienten desautorizados en su relación con los alumnos, lo cual afecta tanto a su percepción de la situación de acoso como a su posible intervención: "Los padres cuestionan nuestro trabajo, se meten en todo, pero no le dirán a un médico lo que hace", declaraba un docente. También algunos padres coincidían con él: "Ahora los profesores ya no tienen autoridad. Les levantan un poco la voz y 'ya se lo voy a decir a mi madre'. La autoridad se la hemos quitado nosotros, las familias".
Otro de los docentes entrevistados describía así el papel que juegan ante los alumnos: "Los maestros o educadores somos como un frontón que tenemos que aguantar todo tipo de pelotazos, pero no tenemos que aguantar que vaya a la esquina a mear. Y ellos lo entienden enseguida. Cuando les pones los límites claros, lo agradecen y lo saben".
reuniones Después de elaborar el estudio, los profesionales de la oficina del Ararteko continúan en contacto con algunos de los centros escolares. Mantienen reuniones donde dan consejos y proponen algunas medidas para mejorar la situación y tratar de resolver los casos problemáticos que existan. "Después de estudiar estos temas la clave para mejorar la situación y el ambiente en el centro escolar es que haya un acuerdo entre padres y profesores", declara Barceló.
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