Editorial
El apagón
E ha especulado mucho sobre los efectos -catastróficos, según algunos- que podrían desencadenarse si, por una inverosímil coincidencia, llegasen a apagarse todas las conexiones eléctricas en un país. Para empezar, las pretensiones del grupo ecologista francés Alianza por el Planeta eran mucho más ambiciosas. Sencillamente, se trataba de que entre las 19.55 y las 20.00 horas de ayer se apagasen todas las luces, electrodomésticos y otros dispositivos eléctricos en todo el mundo. Nada menos. Por supuesto, los promotores de la iniciativa sabían de sobra que ese objetivo iba a ser imposible, por lo que asumieron tranquilamente el riesgo. Se trataba de crear conciencia del derroche energético y sus consecuencias, llevando a cabo una experiencia a la que se sumaron ayuntamientos, organizaciones sociales y ciudadanos particulares en un apagón simbólico que no pasó de desconectar la iluminación de algunos monumentos emblemáticos, de escaparates comerciales y zonas urbanas habitualmente alumbradas. La aportación de los particulares, como suele ser habitual en estos casos, habría sido más bien escasa tanto por la falta de información como, sobre todo, por el hábito de utilizar energía con sólo activar un botón. Los promotores de la idea y cuantas organizaciones e instituciones se incorporaron a la iniciativa son conscientes de que el ahorro real de energía ha sido imperceptible, pero nadie podrá negar que ha sido muy oportuna para que, al menos, suene en las conciencias el riesgo del despilfarro energético precisamente la víspera de la presentación en París del Informe sobre el Cambio Climático elaborado por Naciones Unidas. Lógicamente, y aun previendo su modestia, aún es pronto para evaluar objetivamente el impacto del apagón mundial. Pero a juzgar por la amplia difusión que ha tenido la iniciativa, será muy interesante conocer el resultado de los estudios que se han llevado a cabo sobre la forma en que se ha divulgado el mensaje de Alianza por el Planeta. Los sociólogos tendrán que tomar nota del inmenso poder de la telefonía móvil, del inmenso efecto propagador del
pásalo , precisamente con un mensaje ecológico que estimula a los más jóvenes. Aunque, paradójicamente, sea el colectivo social más dependiente del consumo energético.