Editorial
Una Justicia bajo sospecha
El próximo 31 de enero un lehendakari declarará por primera vez como imputado ante un tribunal. Dice poco en favor de la salud del sistema el hecho de que sea criminalizado un jefe de Gobierno por dialogar con representantes de un partido que, si bien está ilegalizado, es uno de los agentes implicados en el pertinaz conflicto vasco y, por tanto, una de las voces que han de sonar en su resolución. En cambio, dice mucho en contra de la supuesta impermeabilidad del Poder Judicial respecto a los impulsos políticos. En el caso de la imputación de
Ibarretxe
, existe un notorio doble rasero en relación a la causa abierta contra los socialistas. Estos últimos fueron exculpados de un delito de prevaricación y de otro de desobediencia también por reunirse con la izquierda abertzale
oficial . El Supremo desestimó el primer cargo porque no tiene constancia de un mandato de celebrar el encuentro y el segundo porque ningún juez lo había vetado. El máximo órgano judicial del Estado sentaba así una base jurídica sólida sobre la que asentar el diálogo con la formación ilegalizada: no es delito reunirse con Batasuna si un tribunal no lo prohíbe con anterioridad. Hubiera sido sencillo, y así se lo pidió implícitamente la fiscalía, que el juez instructor de la causa contra Ibarretxe aplicara ese precepto como jurisprudencia. Sin embargo, el magistrado prefirió perderse en las diferencias existentes entre los delitos imputados a encontrar el evidente nexo, la esencia de la controversia: si es lícito reunirse con
Otegi . Todo apunta a que la tortuosa vía escogida por el juez instructor tiene escaso recorrido, pero su insistencia en avanzar por ella haciendo malabarismos con la Ley supondrá un nuevo brochazo político sobre una Judicatura que despierta cada vez más sospechas sobre su independencia. En esta ocasión, la relativa cercanía de los comicios municipales y forales de la primavera aumenta el peso de la lectura política de la citación a Ibarretxe. En ese escenario preelectoral,
Josu Jon Imaz no puede esperar que los socialistas secunden una movilización en favor del lehendakari y tal vez tampoco sea el momento idóneo de realizarla. No obstante, resulta cuando menos curioso que
Patxi López rechace "enfrentarse" a una Justicia que utiliza argumentos distintos en función del imputado.