
miren ibáñez
vitoria. Poco o nada avanzó ayer José Luis Rodríguez Zapatero en su intento de atraerse al PP a su declarado objetivo de lograr un "gran consenso democrático contra el terrorismo". Cita histórica la de la comparecencia del presidente en el Congreso -como él se encargó de subrayar y la mayoría de los grupos criticó, la primera de un jefe del Ejecutivo a instancias de la oposición para dar explicaciones tras un atentado de ETA- que volvió a poner de manifiesto la brecha insalvable que separa a socialistas y populares y que dejó en la tribuna el anuncio de Zapatero de reunir en los próximos días la Comisión de Seguimiento del Pacto Antiterrorista para "evaluar la situación y debatir las posibilidades y objetivos de ese gran consenso democrático" que debe incluir, reiteró el presidente, a todas las fuerzas democráticas.
Rodríguez Zapatero hizo ayer uso de su prerrogativa para responder uno a uno a los portavoces parlamentarios para entrar de lleno en el cara a cara con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, que dirigió al presidente un discurso duro y jalonado de acusaciones, protagonizando ambos un intercambio dialéctico bronco en algunos momentos.
Aceptando la invitación para esa próxima reunión del Pacto Antiterrorista, Rajoy dejó claro que hay pocas posibilidades de que el PP se sume a ese gran consenso: "Apoyarle a usted en la lucha contra el terrorismo es un suicidio".
El presidente del Gobierno evitó en su discurso entrar en detalles sobre la actuación de su Gabinete durante los nueve meses de alto el fuego y se centró fundamentalmente en la necesidad de recomponer la unidad política frente a ETA, en una sesión que tenía en el PP al principal objetivo y con una intervención en la que Zapatero dejó meridianamente clara su percepción de la conveniencia de que esa unidad de partidos incluya al PNV, a quien dedicó hasta en dos ocasiones un caluroso agradecimiento -citando expresamente a Josu Jon Imaz- por "su impecable compromiso democrático con la paz de todos, todos, los españoles".
el error del día 29 Rodríguez Zapatero abrió su intervención con un gesto poco frecuente, dijo, en política, reconociendo "el claro error" de sus declaraciones del 29 de diciembre cuando, 24 horas del atentado de Barajas, aseguró que "dentro de un año estaremos mejor".
El presidente volvió a atribuir a ETA la ruptura del alto el fuego y el diálogo, cuya apertura en junio defendió como la "obligación de todo Gobierno de intentar poner fin a la violencia si considera que se dan las oportunidades". Sin más detalles sobre el proceso, ratificó la posición del Ejecutivo tras su ruptura. "La violencia es radicalmente incompatible con el diálogo. ETA no dispone de dos bazas", dijo Zapatero, volviendo a subrayar la idea de que un futuro proceso de paz requerirá algo más por parte de la organización armada que una declaración de alto el fuego y, por cierto, dejando plenamente vigente la resolución del Congreso de mayo de 2005 sobre el diálogo con ETA, que ayer no fue cuestionada.
A partir de ahí, cuestionó la posición del PP, reprochándole el rechazo sin precedentes a la política antiterrorista del Gobierno por parte del primer partido de la oposición, reproches que fueron creciendo en contundencia en la réplica y la dúplica, para echar en cara a Rajoy su "hipocresía y falta de credibilidad" y el ser "la única oposición que ha utilizado el terrorismo en la contienda política".
El presidente respondía así al cuestionamiento que Rajoy hizo de su "fiabilidad" y al rosario de "errores" que éste le desgranó en la tribuna, desde la imprudencia hasta la jactancia. Un envite popular que fue creciendo en intensidad y que incluyó frases tan contundentes por parte de Rajoy como "a usted le ha tomado el pelo un rebaño de asesinos, enemigos de los españoles y el único responsable es usted que lo tolera" o "si usted no cumple [con ETA] le pondrán bombas y si no hay bombas es porque ha cedido".
superar el pacto En este contexto de dureza, Zapatero reivindicó para sí la paternidad del Pacto Antiterrorista -al que se aferra el líder del PP en su intervención- y anunció la próxima reunión de su Comisión de Seguimiento tras dos años sin reunirse. El presidente abre ahora esta vía -a la que recurre por segunda vez durante su mandato- para "evaluar la situación y debatir las posibilidades y objetivos de ese gran consenso democrático" que pretende y en el que ayer encontró el respaldo de todos los grupos de la Cámara, salvo el PP.
Rodríguez Zapatero insistió en varias ocasiones en la necesidad de ampliar el consenso del Pacto Antiterrorista, a todos los grupos parlamentarios, pero también a fuerzas sociales, cívicas y representantes de inmigrantes, "para tener la representación no sólo de 20 millones de votantes, sino de 44 millones de ciudadanos".
Además, se abrirá un "foro" de encuentro del Ministerio del Interior con los partidos, "para hacerles partícipes de la estrategia del Gobierno y reforzar todos juntos los mecanismos con que afrontamos el reto y el chantaje".
Pero en este objetivo, Zapatero topa una vez más con la negativa del PP, con un Mariano Rajoy que dejó claro que un acuerdo con su partido "sólo cabe en el Pacto Antiterrorista" porque, reprochó al presidente, "quiere que en ese acuerdo figuren los defensores de Batasuna, de sus razones y sus conflictos -en referencia a los partidos nacionalistas-, yo ahí no pinto nada".
El presidente sí encontró eco a su propuesta en el resto de grupos de la oposición, que aunque pusieron peros a algunas actuaciones del Ejecutivo en los nueve meses que duró el proceso de paz, respaldaron la necesidad de buscar la unidad de las fuerzas políticas en la lucha antiterrorista. En ese apartado de amonestaciones, destacó la crítica del PNV al presidente por su "falta de discreción" en estos meses, un reproche que Zapatero asumió enmarcándolo en "el grado de confrontación política" existente.
También hubo una crítica común al PP por forzar este debate en el Congreso. Ya lo había dicho Zapatero en su primera intervención: "Los terroristas, como los ciudadanos de bien, están hoy atentos a la televisión, a nuestras palabras, dispuestos a sacar provecho". Y es que la mayoría de los portavoces entendieron que llevar a la Cámara Baja este debate -la primera vez que un grupo pide la comparecencia de un presidente tras un atentado- se debe a intereses partidistas y sólo contribuye a a permitir que sea ETA la que marque la agenda del Legislativo.
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