
Colaboración
Nuestra sociedad necesita la sostenibilidad real para garantizar su futuro a medio y largo plazo en cualquiera de los tres pilares del desarrollo sostenible: económico, social y ambiental. A tal fin, subsisten en nuestro contexto, como en tantos otros lugares, una serie de retos abiertos y pendientes que han vuelto ha ponerse de manifiesto en la Cumbre de Nairobi en relación, especialmente, con el complicado cumplimiento del Protocolo de Kioto sobre reducción de las emisiones a la atmósfera.
Claro que la cuestión tampoco es nueva. El desarrollo sostenible se encuentra implícito en la misma gestión de los recursos naturales de nuestras comunidades rurales o de nuestros baserris desde tiempos inmemoriales.
Y también las ciudades, en este contexto, necesitan enfrentarse a cambios constantes, para adaptarse al devenir del tiempo, a las demandas sociales y al complicado objetivo político que supone el logro de la sostenibilidad. Pero, de hecho, para ir caminando hacia ese desarrollo sostenible, la problemática que vive nuestra sociedad es incluso más virulenta, tanto por el carácter técnico de las cuestiones abordadas, como por el gran número de sujetos individuales y colectivos cuyas vidas se ven directamente afectadas en la vorágine normativa que rodea nuestra existencia.
Esa existencia diaria frente al medio natural que envuelve tanto al pilar económico, al plano social o a la vertiente ambiental de este incipiente paradigma político llamado desarrollo sostenible, y que tanto tiene que ver con la necesidad de reducir nuestras emisiones a la atmósfera o controlar el consumo y buscar al tiempo nuevas fórmulas de generación de energía, entre otras acciones de importancia.
Este tipo de consideraciones son las que deben determinar una aproximación rigurosa a la sostenibilidad de las ciudades y de cualquier comunidad política. La pretensión que aquí tan sólo se apunta es la de afrontar un reto de análisis sobre el cambio advertido en las necesidades sociales, locales y globales, en el ámbito concreto de la sostenibilidad. Ello guarda directa relación con algunos de los conflictos y sus implicaciones sobre la sostenibilidad local y global de cada una de nuestras decisiones. En este sentido, el tiempo viene demostrando un cambio sustancial en la percepción de los problemas apuntados y su hipotética o potencial resolución, de modo que cuando el conflicto ambiental, social y/o económico afecta a un número considerable de sujetos, la resolución del mismo demanda la necesidad de trascender, en ocasiones, incluso más allá de los límites y fronteras artificiales que nuestra historia y nuestros sistemas jurídicos han venido trazando.
La propia necesidad y la experiencia nos enseñan que la búsqueda de la sostenibilidad precisa de sacrificios, de acuerdos y de negociaciones entre los sectores público y privado. Ello no es posible sin apostar por la sostenibilidad real en el seno de cada una de las decisiones y departamentos en el contexto local, nacional o global. De hecho, el logro de la sostenibilidad real bien puede llegar a ser la vía de consenso colectivo que tanto la sociedad como el medio y sus recursos demandan. Todo ello viene avalado por el proceso de discusión gestado desde Kioto hasta la reciente Cumbre de Nairobi y, sin embargo, bien es cierto que el sistema internacional sigue sin advertir grandes avances o logros reales en la materia.
Para ello, resulta imprescindible que tanto el sistema internacional como las administraciones nacionales o locales asuman e interioricen dos parámetros en su funcionamiento ordinario:
a) La integración de la sostenibilidad real en todos y cada uno de los departamentos y áreas de actuación política y administrativa.
b) La internalización económica y social de los costes ambientales reales de cada una de las decisiones públicas relacionadas con la sostenibilidad.
En este ámbito de reflexión global y local, nuestra sociedad debe enfrentarse a dichos retos sin renunciar a su identidad histórica, social y cultural, pero garantizando, ante todo, el futuro sostenible de sus generaciones venideras. El reto bien lo merece, tanto como aquellos millones de personas que, lejos de nosotros, no han tenido siquiera la fortuna de poder pensar en lo que significa desarrollarse sin comprometer el presente y el futuro de sus congéneres.
* Portavoz de EAJ-PNV en el Ayuntamiento de Donostia
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