Editorial
La reconciliación pendiente
el II Congreso de Derechos Humanos que el Departamento de Justicia del Gobierno Vasco presentó ayer -se celebrará entre los próximos 14 y 16 noviembre- ha conseguido reunir en un mismo foro a una veintena de expertos entre los que se encuentran mediadores internacionales como
Harry Barnes
,
Brice Dickson ,
Zoran Pajic ,
Adolfo Pérez Esquivel o
Joanna Weschler , quienes han tenido un papel discreto pero destacado en conflictos tan distintos como el norirlandés, el balcánico o el sudafricano. La cita supone un paso más en la tan temida por algunos y necesaria para otros
internacionalización del conflicto vasco que recientemente ha abierto ventanas como la línea directa Moncloa-Downing Street con la
cuestión irlandesa como telón de fondo, la visita a Ajuria Enea que cursaron varios expertos en resolución de conflictos, el documento de apoyo de mujeres mediadoras leído en Donostia y, hace apenas una semana, la declaración del Parlamento Europeo sobre el proceso de paz vasco, que salió adelante pese a los intentos de cerrar las fronteras a este debate y que luego ha recibido el espaldarazo hasta del propio Vaticano. El Congreso convocado ahora en Euskadi bajo el lema
Paz y Convivencia se propone abrir las primeras puertas a la reconstrucción de la sociedad y la reconciliación una vez superado el azote de la violencia, incluida la presión de los cocteles molotov, el robo de armas o la negación de derechos civiles y políticos. Cabe preguntarse por la oportunidad de abrir la fase de la reconciliación cuando estos últimos factores no han cesado, cuando un incipiente proceso intenta aún abrirse paso y cuando la mesa para lograr consensos políticos de fondo no hace atisbo de echar a andar. No obstante, es innegable que el proceso no termina en la pacificación y la normalización política. Ambos estadios se cerrarían en falso si no vienen seguidos de una tercera fase de reconciliación en la que es la sociedad vasca la que debe poner el impulso. Este es al menos el colofón que dibuja el movimiento Lokarri en su hoja de ruta recogiendo el ansia de la sociedad vasca, que exige soluciones a sus representantes políticos, pero más allá de rifirrafes y tensiones coyunturales ha demostrado en la realidad del día a día estar dispuesta a cerrar heridas y construir un marco de convivencia entre quienes piensan distinto.