Editorial
Demasiadas casualidades
Está en la memoria de muchos ciudadanos esa especie de maldición, esa mano negra, que parece estar al acecho cada vez que se intuye un rayo de esperanza para el conflicto vasco. Ha ocurrido ya en ocasiones anteriores, cuando parecía abrirse la luz, se han cruzado en el camino de la paz un atentado, o un crimen de Estado, o una redada policial, o una desatada violencia callejera. Es muy probable que en la historia reciente de Euskal Herria no se haya dado una situación más propicia para el final del conflicto que la actual, a partir del proceso iniciado el 22 de marzo. Más de tres años sin muertos, ETA en alto el fuego permanente, los partidos vascos multiplicando sus encuentros hacia el consenso, el Gobierno español comprometido para el final dialogado con el apoyo del Congreso y, muy especialmente, con la posibilidad de que tras ser debatido hoy en el Parlamento Europeo, el proceso de paz para Euskal Herria cuente también con el aval de los países de la UE. Pues bien, en este preciso momento, no antes ni después, el Poder Judicial desarrolla una inusitada actividad desempolvando viejos sumarios instruidos en aquellos tiempos en que todo era ETA y ordena fantasmagóricos inventarios en las herriko tabernas para demostrar que a cuenta de sus ingentes beneficios se financiaba a ETA. Estas operaciones, como se sabe, van acompañadas de fuertes despliegues policiales, ocupaciones de calles y barrios, sobresaltos y protestas. También incidentes, por supuesto. Ahora, no antes ni después, la Audiencia Nacional confirma el procesamiento de 37 militantes de la izquierda abertzale por sumario instruido hace cuatro años. Para que no falte de nada, ayer se conocía el presunto robo por parte de ETA de cientos de armas cortas en Francia. Magníficos argumentos, todos ellos, para que el PP pregone a los cuatro vientos de Europa que nada de proceso de paz, que no se dejen engañar los parlamentarios, que la guerra sigue y seguirá abierta porque el País Vasco está plagado de terroristas que desde sus tabernas financian a una banda que se está armando hasta los dientes mientras el Gobierno español, torpe, ingenuo y genuflexo, cede al terror para vergüenza de las víctimas y de Europa. Demasiadas casualidades en tan poco tiempo, y en el momento preciso.