Editorial
El mentiroso y el ladrón
STA vez ha sido de forma casi simultánea y en países situados en puntos remotos de la geografía. Distintas pero igualmente indeseables formas de corrupción obligaron a tomar la calle en Hungría a los ciudadanos y en Tailandia al Ejército. Ni la revuelta social ni el golpe de Estado, por lo que conllevan de violencia, son procedimientos normales ni deseables para la resolución de situaciones semejantes, pero cuando se llega a la conclusión de que un país está gobernado por delincuentes es fácil que el desenlace se vaya de las manos. En el caso de Hungría, el primer ministro
Ferenc Gyurcsany
decidió recurrir a la mentira como forma de gobierno para ir ganando las elecciones con el embuste por delante. No es el primero, por supuesto, aunque bien cerca tenemos la experiencia de quienes lo intentaron afortunadamente sin éxito. Cuatro años llevaba Gyurcsany engañando a los ciudadanos húngaros, convenciéndoles de que la situación económica del país era boyante, simulando cifras, falseando balances y haciéndoles creer que las penurias que muchos soportaban era una situación coyuntural. Hasta que aquello reventó y la gente se echó a la calle a expresar su indignación. Por supuesto que a la revuelta se sumaron lo peor de los grupos ultras y la derecha radical, que han campado a sus anchas provocadores neofascistas, pero nadie puede negar legitimidad a tantos ciudadanos demócratas y progresistas que expresaron con firmeza su indignación, porque no se puede gobernar mintiendo al pueblo y, cuando éste se revuelve indignado, enviarle a los agentes para restablecer el orden a palos. Al otro lado del mundo, otro primer ministro,
Thaksin Sinawatra , también ha conseguido sacar de sus casillas a los ciudadanos y a los militares de sus cuarteles gracias a su habilidad para enriquecerse de manera desaforada a cuenta del cargo. El lamentable desenlace ha sido la toma del poder por el Ejército, lo que nunca es buena señal para una sociedad ya castigada por un sistema dudosamente democrático. El húngaro miente, el tailandés roba. Aquel ha decidido seguir, a éste le ha sorprendido el golpe de viaje en la Asamblea General de la ONU y no se perderá. Son cosas que ocurren cuando se instala la corrupción como sistema de gobierno.