
Olaciregui pasea delante del Kursaal, ya engalanado para recibir a las estrellas.Foto: karlos corbella
Donostia. "Intrínsecamente, creo que son películas muy dignas". Mikel Olaciregui no tiene dudas. Se afana en defender que el Zinemaldia "tiene un punto de partida de películas de un nivel medio-alto". Y lo argumenta: "Podemos hablar de nombres consagrados, de cineastas potentes, habituales en otros festivales, de jóvenes valores".... El trabajo ya está hecho. Desde mañana, público y crítica toman la palabra.
¿Está el festival en horas bajas?
Es un tema relacionado con los medios de comunicación más locales. Venecia o Cannes pueden terminar con una crítica medio-baja pero nadie los pone en duda. A nivel local, lo que se hace es poner en cuestión si el Zinemaldia está pasando horas bajas. El festival tiene años distintos, sinérgicos, pero no es que pase horas bajas. Hay años peores y mejores, como en todo.
¿Le preocupa el hecho de que las críticas de Cannes y Venecia no hayan sido muy buenas?
Nadie cuestiona que, pese a estas críticas, estos festivales vivan horas bajas. Tienen un gran poderío y no podemos compararnos con ellos. Las películas que están seleccionadas son las que queríamos que estuviesen en la Sección Oficial. No hay ninguna película que no quisiéramos que estuviese.
¿Considera que el Zinemaldia programa mejor que el de Venecia?
No me suele gustar establecer comparaciones, pero sí es cierto que las películas tienen más visibilidad que en otros festivales. En otros pasan desapercibidas y aquí pueden tener otro vuelo porque siempre nos preocupamos de garantizar que el número de películas que se presentan tengan su reflejo en los medios de comunicación.
En un contexto de abundantes festivales, ahora surge la competencia directa de Roma, que aunque todavía es una incógnita está a la vuelta de la esquina.
Es un festival poderoso. La ciudad tiene poderío y el presupuesto del festival es, de entrada, el doble que el nuestro. Se habla de cifras escandalosas, pero cada festival hace lo que puede con su presupuesto. A nivel internacional, la presencia de tantos festivales es insano. Algún ente o la FIAPF deberá tomar cartas en el asunto y regular el mundo de los festivales. Lo que no puede ser es que haya un festival cada semana. Desde agosto hasta finales de octubre hay doce festivales internacionales competitivos. A una media de 50 películas por festival (y algunos programan muchas más) son un total de 600 películas. Es demencial.
Ante una competencia tan feroz y concentrada, ¿se ha pensado en un cambio de fechas?
Mover fechas es muy complicado. Al parecer, ya salga bien o mal, el que moverá fechas es Roma, que podría trasladarse a junio. Pero en octubre tendrá unos problemas y en junio otros. Sí hemos estudiado cambios de ubicación, lo que supondría una modificación de fechas y cualquiera tiene aparejados ventajas e inconvenientes, pero, de momento, no tenemos previsto cambiar.
Lo que no cambia es la apuesta por encontrar nuevos talentos y las películas arriesgadas.
Un festival como el nuestro, que compite en la primera categoría a nivel presupuestario, de capacidad de ciudad, de tiempo (somos los últimos de la temporada) debe dedicarse a esta vocación de descubrir talentos, de ofrecer lo más equilibradamente posible nombres consagrados con nuevos, ya que no se puede mantener el ritmo de una gran premiere con caras conocidas todos los días. Descubrir nuevos talentos es nuestra vocación. Hay tres directores que aspiran al Premio Nuevos Directores en la Sección Oficial y otros 18 en Zabaltegi.
¿Se trata de una vocación, en cierta parte, impuesta por el mercado?
De la necesidad tienes que hacer virtud. Además, creemos en esta responsabilidad cultural que tenemos, no sólo para ser un escaparate de películas que luego serán éxitos de taquilla, sino que el descubrimiento de nuevos valores, figuras, es lo que debemos mantener. No es impuesta, es un posicionamiento deseado que viene de años atrás.
¿Inaugurar con 'Ghosts' es una forma de conectar con un problema tan candente como la inmigración?
Este año hemos organizado una retrospectiva sobre la inmigración y una mesa redonda que va a reunir a documentalistas para analizar la frontera entre la ficción y el documental, que cada vez es más tenue, difusa. Con estas dos líneas, nos parecía lógico y coherente inaugurar con una película que tenga que ver con ambas. Ghosts es una película de ficción que tiene que ver con la inmigración, dirigida por un documentalista (Nick Broomfield) que ha realizado su segunda película de ficción. El tratamiento que da al filme es de ficción basado en un hecho real. Se trata de un falso documental. Hace tres años inauguramos con el documental Suite Habana (Fernando Pérez) porque nos parecía oportuno.
¿El cine social es cada vez más una exigencia?
Hay películas de mero entretenimiento, social, experimental. Cada cineasta hace el cine que cree que debe hacer. Este año, en la Sección Oficial hay comedias, cine social, dramas románticos, melodramas, cine surrealista, documentales… Esta pluralidad tiene que estar presente en todo festival.
El público está respondiendo desde el primer momento con la compra de entradas en un momento en el que se están cerrando las salas de cine.
El festival siempre atrae. Casi 100.000 espectadores pasan por la taquilla y es cierto que luego esta tendencia no se mantiene. El festival tiene un gancho mediático que no se puede mantener el resto del año. Es un festival único en el Estado y el público quiere participar, tener la ocasión de ver por primera vez esta película, contemplar a los actores.... en definitiva participar en diez días de magia.
¿Tener el presupuesto más bajo de los festivales de categoría 'A' le impide abordar otros proyectos que considera necesarios?
Nos tenemos que adaptar al presupuesto, pero es cierto que con más dinero se podrían abordar proyectos que ahora ni nos plantemos.
¿Como cuáles?
Me refiero a proyectos que ahora no me puedo plantear, pero que la competencia de los festivales nos va a llevar a abordar a corto plazo. Con tantos festivales, tanta demanda... Se habla mucho del glamour y nosotros nunca hemos pagado ni pagaremos una peseta a los artistas que vienen a promocionar sus películas. Pero estas visitas tienen un coste y éstos se están disparando, porque otros festivales ofrecen otras condiciones que nosotros no podemos, como viajes privados. Lo estamos planteando al consejo rector y éste debe decidir el modelo que se quiere.
¿Dónde se encuentra el techo del festival?
El Zinemaldia tiene la talla que puede tener. Tampoco podemos crecer mucho. Ni la infraestructura de cine ni la hotelera nos permiten crecer mucho más. Simplemente, hablamos de proyectos que se pueden abordar con mayor o menor ambición. Son cuestiones más de determinados matices que de dar la vuelta al esquema de programación, que me atrevería a decir que todos los festivales estamos con temas muy parecidos.
¿En qué ha depositado las mayores expectativas en esta edición?
Se han programado momentos para públicos muy distintos pero muy potentes a nivel de emoción, de conseguir transmitir. El Velódromo va a tener puntos populares como la proyección de Click , dirigida a ese público acostumbrado al cine más comercial con la única pretensión de divertir, hasta películas que nos harán reflexionar sobre nuestro pasado más cercano como la de Lluis Llach, que analiza los trágicos sucesos de Vitoria hace 30 años. Puede parecer tópico, pero cada cual tiene que encontrar su momento en el Zinemaldia dentro de esta oferta casi ilimitada de 600 sesiones....
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