Diario de Noticias de Gipuzkoa

Tribuna Abierta

'Modelos' de mujer

por CARmeN DÍeZ MINTEGUI enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

HAY días en que la coincidencia de algunos hechos pone de relieve, quizás con mayor nitidez que de costumbre, las realidades en las que vivimos. El pasado viernes 8 de septiembre, los medios de comunicación ofrecían en los informativos las imágenes de la Compañía mixta Jaizkibel, desfilando por la calle Mayor de Hondarribia entre dos cortinas de plástico negro, al igual que el pasado año y, casi a continuación, la noticia de que un 30% de las jóvenes que se habían presentado para actuar como modelos en la Pasarela Cibeles, no habían sido aceptadas por no tener el peso adecuado.

Por supuesto, no se trataba de un problema de sobrepeso, sino de lo contrario, ya que parece que por primera vez en la historia del mundo de la moda, en ese evento se ha decidido -por presiones institucionales- que las jóvenes deben tener un mínimo de 18 de masa corporal, cifra que está por debajo de lo que se considera un peso adecuado, que está entre 20 y 25.

En principio, las dos noticias no parece que tienen mucha relación, pero quienes nos dedicamos a la antropología social y cultural nos distinguimos por establecer conexiones entre aspectos diversos de una misma realidad y por intentar analizar los órdenes sociales desde una perspectiva global. En este sentido, creo que estos dos hechos muestran los polos opuestos de la amplia variedad de modelos y posibilidades de ser mujer que pueden existir en nuestra actual sociedad.

Por un lado, está el modelo reivindicativo de las mujeres de Jaizkibel, caminando y conquistando el espacio público, e intentado romper con prejuicios y estereotipos que han colocado y colocan a las mujeres en lugares fijados y asignados por el poder masculino. Por otro, las modelos que, paradójicamente, también "desfilan" por las pasarelas, pero sólo en el corto recorrido de ida y vuelta en el que exhiben las últimas creaciones y colecciones de las y los diseñadores.

Detengámonos por un momento y reflexionemos sobre los significados de la palabra modelo. En las ciencias sociales, un modelo es una especie de abstracción que representa la forma de autopercibirse -en prácticas y valores- de un conjunto de individuos, y que resalta por su contraste con otros, es decir, que pone en evidencia diferencias con otras formas de actuación e identificación; también se ha hecho hincapié en que los modelos sociales no solamente señalan conductas útiles para la reproducción social, sino que marcan lo que se considera satisfactorio y adecuado en un determinado contexto. Comparemos desde estas ideas lo que representan los modelos de mujer que vemos en las pasarelas de moda y en los Alardes reivindicativos.

El mundo de la moda es un ámbito poderoso que genera gran riqueza económica y que impone imágenes ideales de modelos corporales y estéticos. Sin embargo, esos modelos ideales abstractos se concretan en los cuerpos reales de chicas -el último eslabón de esa cadena de la moda-, que a menudo suelen tener un peso inferior al de jóvenes que están ingresadas en hospitales con un diagnóstico de anorexia.

Es decir, por un lado, lo que se exhibe son cuerpos enfermos, que para aguantar una profesión que es muy dura tienen que recurrir a sustancias externas; por otro, la imagen estética que representan nada tiene que ver con mujeres y jóvenes reales y saludables, sino con una especie de androides asexuados e infantilizados.

Pongamos como contraste las mujeres de Hondarribia, desfilando con sus compañeros varones y enfrentándose a las iras de la mayoría de las y los vecinos de su pueblo, resistiendo desde hace diez años y sometidas a vejaciones y violencias varias. ¿Con cuál de los dos modelos se identifican gran parte de las niñas y jóvenes hoy? Las encuestas entre las adolescentes muestran el gran atractivo que para ellas tiene la profesión de modelo, con todas sus connotaciones. Sería por ello necesario y urgente reflexionar sobre este importante aspecto social, de forma individual y colectiva

Los feminismos, en la calle y en otros ámbitos institucionales como el académico, llevan décadas analizando y criticando los sistemas de poder androcéntrico y su reproducción. El género no es algo que se es, sino una práctica social muy poderosa que atraviesa todos los ámbitos de la existencia; esa práctica es además autoreflexiva, es decir, que cada una y cada uno somos parte activa al construirnos como personas generizadas, que adoptamos distintos modelos de vida y de relación con las otras personas y con la sociedad en general. Ahora bien, la práctica de género se da en contextos históricos concretos, y el nuestro, todavía, es un contexto de claro poder masculino que continúa marcando las reglas del juego social.

Si no queremos que nos sigan matando, que ganemos un 40% menos que los hombres, que carguemos con todo el trabajo de cuidado familiar, que nuestras jóvenes tengan una situación de precariedad en el mundo laboral, que no tengan un espacio en buenas condiciones en el mundo del deporte, que no tengamos derecho al ocio y a la fiesta, hay que continuar removiendo y denunciando los obstáculos que se oponen al cambio hacia la igualdad de derechos y obligaciones para todas y todos; no todos los modelos sirven para ello, ya que algunos refuerzan imágenes que siguen mostrando a las mujeres como seres pasivos, débiles y desvalidos, como eternas niñas que necesitan protección.

* Antropóloga (UPV/EHU)

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