Editorial
Dentro de un orden
Mala señal que, a estas alturas de la democracia, la convocatoria de una manifestación tenga que sortear decisiones de jueces y fiscales, e incluso someterse a la eventualidad de ser recurrida su celebración por cualquier colectivo políticamente contrario. En realidad es la propia Ley de Partidos, a la que se apela para poner trabas al derecho constitucional de manifestación, la que ha dotado al país de tan baja calidad democrática. Hecha la ley, hecha la trampa es proverbio sabio al que se acogen no solamente los delincuentes bien asesorados, sino los ciudadanos agredidos por un ordenamiento jurídico injusto, discriminatorio y arbitrario. La izquierda abertzale histórica volvió a recurrir ayer al necesario subterfugio de la convocatoria medio anónima para poder manifestarse en Bilbao, como lo hizo hace doce días en Donostia, respetando, eso sí, las limitaciones impuestas por la Audiencia Nacional: ni pancartas alusivas al partido ilegalizado, ni gritos de apoyo al mismo, ni sus emblemas, ni presencia ostensible de sus líderes, ni consignas interpretables como apología del terrorismo. Se repitió ayer, por tanto, la manifestación
ordenada y sin incidentes que permite la legislación vigente. Se reivindicó el derecho de autodeterminación, se apoyó a los presos y se reclamó la independencia sin ningún impedimento. Hasta ahí la foto fija. Hecha ya antes la reflexión sobre la antidemocrática coacción legal al derecho de manifestación, no estaría de más considerar si el hecho de haberse celebrado la marcha supone una victoria de la izquierda abertzale histórica o el reconocimiento-acatamiento de una realidad impuesta, con lo que ello conlleva para algunos de frustración y fracaso. La reiteración de estas marchas asépticas y dentro de un orden puede llegar a desmotivar a los sectores más radicales, a los que echan de menos aquellas realmente multitudinarias, aguerridas, finalizadas con frecuencia en mítines incendiarios y enfrentamientos. Hay que reconocer que la izquierda abertzale histórica está
recorriendo un duro camino para poder respirar políticamente. En cualquier caso, la inmensa mayoría de la sociedad vasca, en la que se incluyen muchos potenciales votantes de Batasuna, prefiere esta manifestación
ligth a aquello de
¡ETA, mátalos!