
madrid. El Estado, gracias al impulso turístico de Ibiza, se ha convertido en una potencia mundial de la cultura de club, en la que los Dj, que cobran cachés de hasta 50.000 euros por sesión, se han transformado en gurús que congregan ante sus platos a más de cien mil fieles de la música electrónica.
Su música ha pasado del underground reivindicativo que conquistó a las grandes urbes estadounidenses en los 80 a convertirse en uno de los géneros más consumidos de la cultura popular, en lo que José Pascual, organizador de los DJ Awards -premios que anual- ente escogen en Ibiza a los mejores de cada estilo-, define como una "evolución de la fiebre del sábado noche".
Su éxito en el Estado se evidencia con la proliferación de festivales como Creamfields, que acaba de celebrarse en Almería con más de 45.000 asistentes, y el Monegros Desert Festival, donde 42.000 amantes de la electrónica se reunieron el pasado julio en el desierto de Fraga (Huesca) para disfrutar del techno de Richie Hawtin y el house patrio de proyección internacional de Chus & Ceballos, entre otros.
Almudena Navarro, una de las pocas mujeres en la escena electrónica, destaca algunos clubes ibicencos como Space, Privilege y Pachá, que convierten la isla en referencia en todo el mundo y sitúan a España como una de las potencias mundiales, gracias al impulso de los turistas extranjeros, que acuden a la isla a disfrutar de las actuales vacas sagradas del género.
El creciente desarrollo tecnológico de las dos últimas décadas ha impregnado la industria de la música, por lo que el Dj ha pasado de ser aquella persona que sólo ponía discos a ser "un artista creativo que selecciona, tiene técnica y sabe comunicarse con el público", explica Pascual.
A ello se suma "el deseo de los Dj de formar parte de la música", que les ha convertido en productores, autores de sus propias creaciones y "dueños de un marca comercial cada vez más potente", explica otra ídolo de las cabinas, Chus Esteban.
Todos estos factores provocaron a principios de los 90, que estos sonidos, propios de ghettos y abanderados de causas minoritarias, se transformaran en masivos cuando "el empresario nocturno vio en el Dj a alguien capaz de atraer otro tipo de público, muy numeroso", explica Pascual.
comunión con el público El organizador de los Dj Awards, que este año celebrarán su novena edición el próximo mes de septiembre, sostiene que un concierto de una banda de rock "no es tan interactivo como una sesión Dj, donde hay una comunión absoluta con el público" y es capaz de "crear momentos mágicos y estados de conciencia alterados no siempre provocados por los químicos".
Dj Chus lamenta que las drogas sean "un enorme handicap" para la cultura de club en las que los medios de comunicación "se han centrado más de lo debido y han dejado de lado la música", aunque advierte de que es una lacra que no pertenece en exclusiva a la música electrónica, sino que es "un problema social que también se traslada a este ámbito".
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