Editorial
Ni rehenes, ni factores de presión
Aunque sólo sea tácitamente, parece que todas las partes implicadas en el proceso de pacificación y normalización -con la excepción electoralista del PP- habían dado por buena la metodología de las
dos mesas : Gobierno y ETA por un lado, partidos políticos por otro. Era la fórmula para evitar el escandaloso error de 1998, cuando la izquierda abertzale pretendió la confluencia en el tiempo y el espacio de la paz y la construcción nacional. Y aquello acabó como acabó. El actual proceso tuvo un inicio esperanzador, con el alto el fuego permanente de ETA y la consiguiente activación de esa
mesa en la que se contemplaba, entre otras, la solución al problema de los presos y exiliados. Para empezar, no se ha comprobado aún ningún paso por parte del Gobierno de
Zapatero
que responda al movimiento de ficha de ETA con su alto el fuego. Según publicaba ayer un diario de difusión estatal próximo a La Moncloa, el Ejecutivo condiciona las medidas sobre los presos a que Batasuna logre su legalización, adecuada, por supuesto, a la Ley de Partidos. Según esa información, el Gobierno no solamente estaría faltando a la reciprocidad de gestos que el proceso comporta en la
mesa de pacificación , sino que estaría utilizando a los presos como rehenes para condicionar la presencia de la izquierda abertzale histórica en la
mesa de normalización , cometiendo de nuevo el error de mezclar ambos procesos. Las medidas en beneficio de los presos vascos deberían haberse tomado ya, aunque sólo fuera porque es reivindicación mayoritariamente asumida por esta sociedad, conforme a la legalidad penitenciaria y aprobada hace tiempo por todas las instituciones autonómicas y estatales. Y si los presos no pueden ser considerados como rehenes por parte del Estado, tampoco pueden convertirse en factores de presión para tensionar la convivencia ni en pretexto para elevar el listón de las reivindicaciones políticas de forma que se ponga en riesgo el inicio del diálogo interpartidario para la normalización. En cualquier caso, pocos días quedan ya para que sea realidad la intención expresada por Zapatero de que agosto sería el momento idóneo para traslados y excarcelaciones. Y no parece que vincularlo con la legalización de Batasuna pueda hacerlo posible, ni siquiera debiera ser planteado.