
Cuba ha sido sometida por décadas a un bloqueo dictado por Estados Unidos y seguido de manera más o menos rígida, más o menos de forma obligada, por la mayoría de los países del mundo. Recordemos que la última vuelta de tuerca, en clara violación del Derecho Internacional, es la Ley Helms-Burton, que lleva el nombre de los congresistas que la impulsaron. Una norma que no sólo castiga a las empresas norteamericanas que violen el bloqueo, sino que impide hacer negocios en el amplio y rico mercado norteamericano a aquellas firmas que también comercien con Cuba. O conmigo o contra mí.
La situación económica en la isla se agravó enormemente a principios de los años noventa, tras el hundimiento del bloque soviético, que hasta entonces había sido el sostén económico fundamental. Junto a ello, a modo de puntilla, el mercado internacional de azúcar de caña se vino abajo. Fiel se vio obligado a decretar el conocido como "periodo especial", una auténtica economía de guerra a la que la ciudadanía sobrevivió con hambre, pero con ingenio. Y con una enorme contradicción, porque Fidel optó por dolarizar todos los recursos económicos que venían del exterior, especialmente del turismo. Unos casi se morían de hambre. Otros, los que tenían contacto con los extranjeros, podían con sus propinas vivir mejor que quienes decidieron que ese iba a ser el nuevo rumbo de la economía.
Pero la fórmula se demostró eficaz y el régimen cubano sobrevivió una vez más a lo que muchos aseguraban que iba a acabar con él. Desde hace diez años, Fidel Castro no se ha dejado de encontrar con buenas noticias. El turismo sigue subiendo, la presencia de empresas extranjeras que constituyen firmas mixtas con el Estado también, los precios del níquel, uno de los grandes recursos naturales de Cuba no hacen más que subir… y además, llega primero Hugo Chávez y después, Evo Morales.
Todavía es pronto para saber el grado de sintonía que establecerá la Cuba de los Castro (conviene empezar a hablar en plural) con la Bolivia de Morales. Pero todo se dirige a una repetición de la experiencia venezolana. Cuba exporta diariamente decenas de médicos, profesores y cuadros medios a Caracas. Chávez lo paga con lo que tiene: el petróleo. Y so se empieza a notar en esta economía tan peculiar, tan obligada a hacer requiebros que eviten su colapso.
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