
Maru Rizo posa ante unos cuadros expuestos en el local de Egia.
Maru Rizo recuerda cómo una tarde, paseando con Amable Arias por Alderdi Eder, el artista se quedó maravillado con el color de los pensamientos del jardín. "Estaba fascinado por las gamas de las flores, totalmente deslumbrado, enseguida me dijo que estaba viendo un cuadro, un lienzo en el que un hombre comía los pensamientos y éstos se le caían por la boca. Al día siguiente tuvimos que ir a comprar una gran tela para el nuevo proyecto".
Arias creó un cuadro, pero éste no tenía nada que ver con la idea que le asaltó en los jardines. "Mientras estaba pintando se dio cuenta de que sólo había sitio para el hombre y no dibujó las flores". El lienzo mantiene el título del principio -El hombre que comía pensamientos -, pero estos brillan por su ausencia. Este hecho provoca que la mayoría crea que los pensamientos hacen referencia a reflexiones y no a flores. "Es una anécdota que explica muy bien el carácter de Amable", relata la compañera del desaparecido artista. "Él era un hombre de ideas, nunca tuvo miedo al lienzo en blanco porque compraba las telas cuando ya sabía lo que iba a pintar en ellas, luego dejaba que la fuerza creativa ejerciera su labor", apunta.
la obra
Reconocimiento tardío
Maru Rizo trabaja en el cuidado y la difusión del trabajo creativo de Amable Arias, desde que éste muriera en febrero de 1984. Mantuvo el estudio del pintor en la Parte Vieja de Donostia durante años, y más tarde trasladó toda la obra a su propia casa. Al tener que cambiar su domicilio por un piso más pequeño, decidió que ya era hora de buscar una ubicación para el trabajo de Arias, y compró un local en el barrio donostiarra de Egia. Se trata de un amplio espacio blanco de dos alturas, en el que habita toda la obra del pintor. No está abierto al público, pero basta concertar una cita con Rizo para visitar el local y conocer el legado de Arias, un artista que, en palabras de quien fuera su compañera, "será más reconocido con el paso del tiempo".
Además, la Galería Dieciséis de la Plaza del Buen Pastor expone la muestra Amable. Pequeño formato , una exposición que se podrá visitar hasta el 2 de septiembre, y en la que conviven piezas pintadas sobre madera y lienzo que Arias creó entre los años 1974 y 1975.
No es la primera vez que Gonzalo Sánchez muestra la labor del artista. Además de organizar varias exposiciones en su galería, ha llevado a Arias a Arco en cinco ocasiones de forma individual. "En la feria de 1998 una prestigiosa publicación de arte se refirió a Arias como un artista reciente. Es algo totalmente excepcional, porque en aquella ocasión los cuadros expuestos los había pintado en 1974", relata Sánchez. En esta línea, el galerista señala que este tipo de anécdotas dan fe de que la obra de Amable Arias "sigue viva".
la ruptura
Creador autodidacta
Óleos, acuarelas, dibujos, collages o cuadros hechos a base de tinta y óxidos. Todo vale en la creación pictórica de Arias. Un artista que pintaba sobre lienzos, papeles, libros o sobres. "Le encantaba reciclar materiales, utilizaba todo lo que caía en su mano", recuerda Rizo.
En una de las paredes del local cuelga un sobre enmarcado en el que el artista dibujó un pelotari que lanza su pelota hacia la cabeza de un Francisco Franco personificado en el sello de una peseta. Justo encima, en la misma pared, habitan dos retratos, uno de José Luis Zumeta y otro de Rafael Ruiz Balerdi. Ambos lucen semblantes jóvenes, los dibujos son de los 60, años en los que compartían, junto a Arias, Chillida, Mendiburu, Oteiza y Sistiaga el Grupo Gaur.
Maru Rizo habla emocionada sobre la forma de ser del artista con el que compartió 14 años de su vida, sobre su arte y su manera de estar en el mundo. "Amable era un ser rupturista, no le gustaba confundirse en el montón, ni sentirse encasillado", comenta. El artista no tuvo oportunidad de recibir una enseñanza reglada durante su infancia y juventud, fue autodidacta. "Todo lo aprendió por su cuenta", apunta Rizo. "Pero eso le gustaba, porque así no formaba parte de la masa, él era distinto", añade.
la vida
Trayectoria de un genio
Amable Arias nació el 29 de junio de 1927 en la localidad leonesa de Bembibre del Bierzo. Cuando tenía nueve años sufrió un terrible accidente que le condicionó toda su vida: mientras jugaba en las vías del tren, fue arrollado por un vagón en vía muerta que le fracturó la pelvis y le produjo un desgarrón interno en la uretra. Esto provocó que se pasara gran parte de su infancia postrado en la cama y se sometiera a numerosas y dolorosas intervenciones. Además, se quedó con una pierna más corta que la otra y se vio obligado a depender de un par de muletas para moverse.
Llegó a Donostia en 1943, en compañía de su madre. Ella trabajaba distribuyendo la guardarropía del Teatro Principal y Amable se dedicaba a crear acuarelas inspiradas en los personajes que por allí transitaban. Fue un artista tardío, empezó a pintar cuando tenía 29 años, y murió a los 56. Pero su vida la dedicó a crear, y a instruirse. "Pintaba, leía y estudiaba todos los días", afirma Rizo.
Gonzalo Sánchez, que conoció el universo de Arias a principios de los 90, dice que para muchos fue un "pintor maldito, siempre buscaba lo nuevo y caminaba en contra de lo establecido". Sánchez afirma que, realmente, fue "un genio". Confiesa que es el artista que "más satisfacciones" le ha dado, "el trabajo más bonito" que ha hecho desde que abrió la galería en el año 1983.
|
|
© NOTICIAS DE GIPUZKOA
Avda. Tolosa 23 · 20018 Donostia · GIPUZKOA ·
Tel 943 319 200 · Fax Administración
943 223 900 · Fax Redacción 943 223 902
Enlaces patrocinados:
Inmobiliarias |
Disfraces |
Agencias de publicidad |
Tiendas de electrónica |
Cirugía estética |
Inmobiliarias |
Asesorías |
Peluquerías |
Muebles |
Clínicas |
Seguridad |
Mudanzas |
Viajes |
Hostales |
Taxis |
Hogar |
Hoteles |
Cerrajeros |
Farmacias |
Rótulos |
Armarios |
Trabajo |
Hosting |
Ocio en Gipuzkoa |
Hoteles en Madrid |
Hoteles en Barcelona |