
donostia. "¿La sonrisa hace al monje?", es la pregunta de la que Ainhara Abaitua y Aritza Brizuela, dos recién licenciados en Odontología por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), han partido para su estudio sobre la sonrisa de los tres últimos Papas. Un estudio, además, de premio: han recibido la mención especial del galardón Influencia 2006 del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Cantabria.
No son los ganadores, pero como si lo fueran. En las últimas semanas no han parado de atender a diversos medios para dar más detalles sobre su trabajo. Debían elegir tres personajes famosos y valorar su sonrisa. Las prisas y la falta de tiempo hicieron que Brizuela y Abaitua realizaran un trabajo conjunto, y en vez de buscar influencias positivas, valoraron más las sonrisas que no fueran tan agradables. Así, llegaron a la sonrisa del Papa Benedicto XVI y sus predecesores.
poco armónico "La sonrisa es algo positivo, pero hay algunas que tienen influencias negativas", explica Brizuela. El actual pontífice es buena muestra de ello. Abaitua cree que " a todo el mundo le echa para atrás por algo". Según los recién licenciados, su sonrisa es poco armónica y su exposición dentaria resulta agresiva, especialmente por la marcada presencia de los dientes caninos.
Juan Pablo II, por su parte, tiene la sonrisa menos natural. "En todas las fotos que analizamos, la sonrisa era exactamente la misma, muy comedida", declara Abaitua. Este hallazgo les sorprendió mucho a los dos por ser una persona que caía muy bien y era tan líder.
Por último, dicen que Juan Pablo I esbozaba la sonrisa más natural. "Si tuviésemos que dar un premio a la mejor sonrisa, se la daríamos a él", asegura Brizuela.
Las sonrisas fueron analizadas a partir de fotografías encontradas en Internet. "El problema es que cada uno saca las fotos como le da la gana, por lo que tuvimos que desechar muchísimas", se queja Brizuela. En total, analizaron cerca de un millar de fotografías.
Es un estudio abierto a las conclusiones del lector. Abaitua y Brizuela han indagado en los rasgos de personalidad de los pontífices, para que puedan ser comparados y concluir, por tanto, si la sonrisa y la personalidad van de la mano.
Encontrar esos rasgos personales ha sido más fácil con unos que con otros. "Juan Pablo I estuvo rodeado de un halo de misterio, y las causas de su muerte también fueron extrañas", recuerda Brizuela, al referirse al Papa cuyo mandato apenas duró 33 días. Al contrario, no han tenido grandes dificultades con información referente a la personalidad de Juan Pablo II.
De todos modos, los dos tienen claro que no son historiadores. "Hemos extraído poca información de este tipo, lo justo para que la gente pueda sacarse sus propias conclusiones", aclara Brizuela. Abaitua recalca, por su parte, que no han pretendido dárselo todo hecho al lector. "Nuestra intención era despertar la curiosidad de la gente y lograr que se fijen más en estas cuestiones", declara.
sin arreglos Ante la tendencia actual de lucir sonrisas perfectas, Abaitua y Brizuela no creen que los Papas hayan arreglado sus dentaduras. "Ratzinger desde luego que no; parece que ha tenido una enfermedad periodental y no se cuidó en su momento", explica Abaitua. Por otro lado, estos jóvenes creen que Juan Pablo II era bruxista, es decir, apretaba mucho los dientes, tal vez inconscientemente. El desgaste dental que produce esa acción resulta antiestético, y aunque hoy en día existe la posibilidad de arreglarlo, Karol Wojtyla no lo hizo.
Aprender a sonreír es posible, pero si se sabe analizar con detenimiento, eso se nota. "A Tom Cruise se le cambia la cara cuando sonríe, y lo sabe, por eso no para de hacer ese gesto; probablemente sea aprendido", cree Brizuela. Abaitua añade que esos modelos son los más demandados en las consultas. George Clooney, al contrario que Cruise, no sonríe con un patrón tan perfecto, "pero se le ilumina la cara cuando lo hace", dice Brizuela.
Una sonrisa natural, por tanto, ¿es perfecta? Ellos lo tienen claro: lo bonito también va ligado con la salud. Brizuela recalca que "la gente se obsesiona con lo que ve en la tele, y lo quiere todo perfecto". Lo importante es que la boca esté sana. Aunque difícilmente podrá haber una sonrisa perfecta sin naturalidad. "Eso se nota, y una artificial no te vale lo mismo que una natural", concluye Abaitua.
Sin embargo, la naturalidad no deja de ser una característica importante en este gesto. Una sonrisa artificial y aprendida se nota y, por eso, Abaitua opina que lo aprendido crea la sensación de que es la misma para todos, y "no nos vale igual".
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