
En China viven unos 750 millones de agricultores como el de esta imagen, que trabaja en una plantación de algodón junto a una línea de ferrocarril.
Pekín. Con tantos campesinos chinos (unos 750 millones), no puede extrañar que alguno de ellos salga inventor y se convierta en un visionario capaz de construirse su propio avión, un submarino, una bicicleta o hasta un ovni.
No todos sus inventos acaban funcionando ni triunfando, pero no por ello faltan en China noticias sobre campesinos de las zonas más remotas y pobres del país que han logrado cumplir sus sueños y construir raros artefactos usando chatarra, autos viejos o cualquier otra cosa.
El último de estos inventores, Xu Bin, se construyó sin experiencia ingenieril alguna un aeroplano con 3.750 dólares (unos 3.000 euros) y logró volar a una escasa altura de 50 metros durante 25 minutos, el pasado día 8 en Zhejiang (este del país).
Con el vuelo, Xu cumplió su sueño de surcar los aires emulando a los hermanos Wright, pero su gozo acabó en un pozo cuando las autoridades chinas le impidieron volver a usar el avión, dado que, según ellas, la ley prohíbe a los ciudadanos chinos usar artefactos caseros en el cielo.
Quien no logró echar a volar su invento, pero sí consiguió reconocimiento gubernamental, fue Du Wei, otro campesino chino que en 2004 ocupó las portadas de los periódicos de su país cuando construyó su propio ovni.
Du, de 39 años y habitante de la provincia de Anhui (este), contó que desde pequeño había mostrado gran interés por los platillos volantes, e incluso dijo que "serán en el futuro un medio de transporte más avanzado que los aviones".
El campesino, que trabajó como conductor de camión, minero y mecánico antes de irse al campo, logró ahorrar dinero para construir el platillo de sus amores, que tardó dos años en desarrollar.
El artefacto, de forma circular y que costó unos 48.000 dólares (40.000 euros), nunca logró despegar del suelo, pero al menos consiguió que fuera mostrado en una exposición internacional de aviación celebrada en Zhuhai (sur). Meses más tarde, otro artefacto volador construido en un pequeño pueblo de China por otro aficionado a la aviación, llamado Du Wenda, fue llevado a la Bienal de Venecia de 2005 por el artista chino Cai Guoqiang.
sucesores de da vinci En marzo de este año, otro granjero, de 67 años, desarrolló en Hubei (centro) un automóvil anfibio capaz de nadar por el agua, como los que aparecen en las películas de James Bond, y se fotografió orgulloso con él en el estanque de su pueblo, en otra imagen que se publicó en los blogs y páginas web de todo el mundo.
La inventiva de los habitantes chinos no se acaba aquí: un campesino de Shandong (este) se hizo un helicóptero con restos de chatarra; otro de Hubei, un submarino (que probó con suerte); y no faltan los creadores de artefactos con alas diferentes de los aviones, similares a los ingenios de Leonardo da Vinci.
En el catálogo de inventos dignos del genio italiano también se puede incluir al campesino de cerca de Xian (ciudad del centro de China) que ideó y mostró a la prensa un edificio de aparcamientos con un sistema de norias que permite ahorrar más espacio. Mediante tales artilugios, los autos pueden apilarse unos sobre otros, por lo que se pueden colocar en varios niveles.
buscando el 'guinness' Todo vale para que los campesinos, en muchas ocasiones próximos a la jubilación y con mucho tiempo libre, se busquen una diversión que añada más emoción en sus vidas, a veces intentando entrar en el libro Guinness de los Récords o ganándose el reconocimiento internacional. En este grupo puede incluirse a Zhou, de 74 años y residente en el pueblo de Guangfeng (provincia oriental de Jiangxi), que recauda dinero para construir un museo en su pueblo "que recuerde una matanza perpetrada por los japoneses allí en 1942", de la que él fue uno de los pocos supervivientes.
También entran en catálogo el campesino que la pasada semana presentó un castillo construido con 10.000 palillos de dientes, con el que quiere entrar en el libro de los récords, o el que entrenó a su hijo para hacer, con tan sólo 6 años, 10.000 flexiones en seis horas.
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