
Landis firma un triunfo épico en la meta de Morzine.Foto: efe
donostia. Quizá no gane el Tour, pero ayer inscribió su nombre en el capítulo destinado a la épica de la carrera, a la que le restan tres días para París. Floyd Landis, el líder hundido en la meta de La Toussuire, resurgió de sus miserias y dio un golpe de mano impropio de esta época.
El del Phonak vuelve a tener a tiro un Tour de Francia que parecía ya en el morral de Óscar Pereiro. El gallego sigue de amarillo, pero con sólo 12 segundos sobre Carlos Sastre, brillante otra vez ayer, y 30 sobre Landis. La crono en la inédita Montceau-les-Minese decidirá un sorprendente Tour de Francia, que ha realzado un ciclismo de ataque y desfallecimiento casi en desuso.
La grandeza del Tour hace que el buen aficionado al ciclismo recuerde todos sus ganadores, aunque no todos entraran en la leyenda. Ahí sólo hay sitio para las grandes gestas, como el helado de Bahamontes en La Romeyere (1954); la demostración de Merckx en el Ballon de Alsacia, con un Ocaña ensangrentado empujado por sus compañeros del Fagor (1969); los ochenta kilómetros en solitario del conquense que le sirvieron para plantarse en Orcieres Merlette con más de ocho minutos sobre el Canibal (1971); o la llegada de la mano de Hinault y Lemond a Alpe d'Huez (1986); o el ataque en la bajada del Tourmalet de Indurain y Chiapuacci, que desarmaron a Lemond en Val Louron (1991); los doscientos kilómetros de fuga del propio Chiapucci para ganar en Sestriere (1992); o la exhibición de Pantani en el Galibier para sentenciar el Tour en Les Deux Alpes, tras humillar a Ullrich (1998).
El Pirata ocupaba la última delicia en las retinas del Tour hasta el arranque de orgullo de Landis. El norteamericano sabía que su pájara en La Toussuire permanecerá para siempre en los anales de la ronda gala. Demasiada carga con la que convivir el resto de sus días. Si con 18 años dio el paso de abandonar a su familia amish , no fue para pasar a la historia como el gregario de Armstrong que desfalleció cuando la yema de sus dedos acariciaba el testigo del heptacampeón.
todo a una carta Floyd se sentía en deuda con su abandonada madre menonita, que ayer volvió a seguir a su hijo por televisión, en ese televisor que estrenó hace cinco años saltándose el estricto ordnung que rige la vida en la comunidad. Pero, sobre todo, se lo debía a sí mismo. A final de temporada le espera una prótesis de cadera: si el Tour va a tener continuidad para él más allá de las tres etapas que restan hasta París, es algo que queda a voluntad del destino.
Por todo esto, Landis se jugó su sino a una carta. Todo o nada. A pie del primer puerto de la jornada, el pelotón viajaba a diez minutos de nueve ciclistas en busca de la etapa -entre ellos, Garate-. Mala suerte para ellos: un norteamericano con llagas buscaba recuperar el Tour que la víspera era suyo. En las primeras rampas, Phonak aceleró la marcheta del Caisse d'Epargne. Una serie de Perdiguero enfiló el grupo y lanzó a Landis. Rogers, Klöden, Sastre, Menchov y Evans le siguieron en primera instancia, cuando aún restaban 130 kilómetros a Morzine. ¿A dónde nos llevas, Floyd? Todos se abrieron de patas, y Pereiro siguió a su ritmo.
Landis también cogió el suyo... En un santiamén cazó la fuga. Garate le oxigenó con un par de relevos. Poca más ayuda recibió. Su furia alimentaba unos músculos vacíos de glucógeno en La Toussuire. Las diferencias aumentaban sobre el grupo del líder, del que tiraban Txente García y Xabier Zandio. Ni CSC ni T-Mobile reaccionaban ante el poderío de Landis. Ya caerá, ya caerá... Pero no cayó. Un hombre que levanta su orgullo tras morder el barro, no vuelve a caer en el lodazal.
Cuando la ventaja se disparó a 9:06, CSC asumió la responsabilidad una vez descendido el col de la Colombiére. Restaban 50 kilómetros y un terreno ideal para Voigt, Vandevelde y el t-mobile Honchar. A decir verdad, sólo en ese tramo un equipo a bloque le podía recortar tiempo a Landis. En las subidas, el menonita arrepentido era ayer superior a cualquiera. A 25 kilómetros de meta, cuando a Landis sólo le aguantaba un Sinkewitz siempre a rueda, aún disponía de 6:34. De ahí hasta Morzine, sólo Sastre y Moreau le recuperaron algo de terreno.
El Joux Plane dejó en evidencia las debilidades de Klöden, Evans, Menchov... Leipheimer se dejó 21:23.
La crono final decidirá un Tour para el recuerdo, en el que Landis ha sido el gran rival del propio Landis.
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