
pamplona. David Llorente Villacampa, nacido en Jaca (Huesca) hace 21 años, fue el único corneado en el multitudinario encierro de ayer que, como acostumbran a ser los protagonizados por los toros de Eduardo Miura, fue limpio y rápido: de hecho, con sus 2 minutos y 12 segundos es el de menor duración de los celebrados hasta ahora.
En realidad, y exagerando algo, poco más habría que decir de una carrera que se atuvo milimétricamente al guión escrito año tras año por los astados de Zahariche. Ya se sabe que, de un tiempo a esta parte, se recurre a ellos para solventar el complicado encierro dominical, masificado y poblado de inexpertos ávidos de emociones fuertes. Se atribuye a su legendaria nobleza, que les haría correr desaforadamente sin hacer caso de lo que ocurre alrededor, los ejemplares balances que ofrecen en cada una de sus apariciones sanfermineras.
Las estadísticas dicen que son las reses que menos heridos por asta han dejado en el último cuarto de siglo; tan solo cuatro, todo un récord sobre todo si se tiene en cuenta que es la única ganadería que no ha faltado a ninguna de las ferias celebradas hasta entonces. Ayer incrementó la lista con su quinta cornada, pero eso no altera apenas la tradición.
en un suspiro Los miuras salieron de los corrales disparados. Tres de ellos se pusieron en cabeza y marcaron un ritmo frenético en los primeros metros encabezados por el precioso cárdeno Caprichoso , el único de la manada que dio menos de 600 kilos en la báscula. Subieron cuesta de Santo Domingo por el centro y en un suspiro, dejando a un lado y otro corredores trompicados y con cara de frustración por haber tenido que limitarse a verlos pasar fugazmente, sin poderse meter delante de las astas.
La velocidad les llevó a seguir la línea recta cuando entraron en la plaza Consistorial, topándose con los que buscaban refugio en el vallado y arrollando a tres de ellos. Los toros no descompusieron el gesto, pero Lagartijo , otro cárdeno que corría detrás de Caprichoso , no pudo evitar a David Llorente, quien se llevó un puntazo en el abdomen.
El incidente permitió que se reagrupara la manada, que continuó hacia Mercaderes siempre con alguno de los toros al frente. En esta zona también hubo caídas, y en una de ellas resultó contusionado en el tórax E.J.H, de 28 años, natural de Valladolid, que fue dado de alta tras ser atendido en el Hospital.
No se cayó ninguno de los toros en la curva de Estafeta, calle que recorrieron por el centro estirándose el grupo a medida que iban aproximándose a su final. Aquí si hubo oportunidades para el lucimiento, aunque conseguir uno de los privilegiados espacios ante los cuernos estaba ayer muy caro.
Había miles de supuestos corredores, y aunque la mayoría ejercieron de mirones y vieron pasar los miuras pegados a la pared, aún había decenas pugnando por un sitio delante de los morlacos. Como siempre sucede en estos casos, algunos afortunados pudieron presumir de su actuación y otros tuvieron que limitarse a contar cómo fue su caída y las consecuentes magulladuras, pero la Cruz Roja sólo tuvo que hacer una cura.
El último tramo de la carrera, sin novedades. La manada siguió compacta por Telefónica y bajó hacia el callejón sin percances. Cuando los toros pisaron la arena hacía poco más de dos minutos desde que salieron de los corrales, y unos segundos después entraban discretamente en los chiqueros de la plaza, como si fueran conscientes de que no es lo suyo dar problemas.
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