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La charanga Antzar Gazteak, durante su participación el pasado 1 de mayo en la tamborrada de las fiestas de San Prudencio.
La fanfarre Antzar Gazteak podría desaparecer en breve si no logra atraer más seguidores. Hace alrededor de 25 años, Joxe Manuel Bergara comenzó a dar clases de música a niños de Lazkao de forma gratuita. De ahí nació la charanga. El número de alumnos de música ha descendido y, ahora, la formación musical peligra.
Valentín Ropero y Mila Aldasoro son los miembros de la junta que gestiona las aulas de música y la charanga. "Nuestros hijos eran alumnos de José Manuel Bergara y formaron parte de Antzar Gazteak. Cuando él dejó de dar las clases, los padres decidimos seguir adelante porque la base estaba hecha y a los niños les gustaba. Así, buscamos nuevos profesores", explican.
La primera dificultad a la que tuvieron que enfrentarse fue la falta de presupuesto. "Aunque nosotros no teníamos ni tenemos idea de música, quisimos seguir con el mismo espíritu de Bergara, dando las clases sin cobrar. Pero había que pagar a los profesores y mantener la charanga. Los traslados, los instrumentos y la ropa, así que debíamos encontrar la forma de sacar dinero. Sí que pusimos una pequeña cuota y se ha contado siempre con la colaboración del Ayuntamiento, pero no era suficiente".
talos
El apoyo económico
Ropero recuerda que "a Mila se le ocurrió empezar a hacer talos en la calle para vendérselos a la gente. Ahora es habitual ver estos puestos, pero entonces no. Con los de Segura fuimos los pioneros".
La primera salida se hizo en casa, un domingo durante las fiestas de San Prudencio. Aldasoro cuenta que no tenían "ni idea de cómo iba a salir y no todos estaban muy convencidos. Había que vernos, con una pequeña chapa y apenas material. Pero no debió salir mal porque repetimos".
La segunda salida fue a Etxarri Aranatz, a un Egin Eguna: "Fuimos con la fanfarre, como tantas veces después, algo de chistorra y de harina. Nos vimos desbordados y tuvimos que buscar ingredientes en Sakana para seguir trabajando".
Con talos o sin ellos, los padres acompañaban a la charanga en muchas de sus salidas. "La primera vez que los llevamos fuera fue en 1984. Después empezamos a participar en festivales internacionales. Durante muchos años acudimos a los de Condom, Sauvian, Dalhem, Rochechouart… Fuimos por última vez a Condom en 1998", cuentan.
institución
Imprescindible en Lazkao
Han acumulado multitud de anécdotas: "Se podría escribir un libro".
Durante este tiempo no han tenido problemas para nutrir y sustentar la charanga. "Lostalogiles estamos dispuestos a seguir adelante, aunque hace tiempo que ninguno de nosotros tiene a sus hijos aprendiendo música o en la charanga. Lo que tememos ahora es que los niños dejen de acudir a aprender y la charanga tenga que desaparecer por ello. Sería una pena", lamenta Aldasoro.
Para Ropero y Aldasoro la fanfarre es una institución difícilmente sustituible en el pueblo lazkaotarra. "Está presente en todos los acontecimientos importantes en los que es necesaria y aún sigue acudiendo a citas fuera. Sin embargo, si los músicos son pocos y además tienen otros quehaceres, la continuidad se complica", dicen.
A principios del próximo curso volverán a insistir para que la gente se apunte en la escuela de música. "Nuestros profesores de siempre, Nekane y Julián, también seguirán con nosotros", concluyen.
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