
manila. La presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, firmó ayer la ley que suprime la pena de muerte en el país, en su primer acto tras salir del hospital donde fue ingresada el jueves por problemas intestinales.
Según la presidenta, el Gobierno se dedicará a partir de ahora a impulsar medidas para la prevención y el control de delitos "en lugar de quitar las vidas de aquellos que los cometen".
La firma de Arroyo era el último requisito pendiente para que Filipinas se añada al grupo de tres naciones de Asia-Pacífico (Australia, Nueva Zelanda y Timor Oriental) donde no existe la pena capital.
La presidenta indicó durante la firma de la ley que sustituye la pena de muerte por la cadena perpetua, que dicho acto "marca el fin de una era de justicia vengativa".
La presidenta, que ha tenido que hacer frente a una fuerte oposición, entre ellos asociaciones de víctimas de secuestros y asesinatos, alegó que este castigo "ha mostrado que no es útil a su principal objetivo de servir de disuasión para que no se cometan crímenes horrendos".
Gloria Macapagal también justificó en sus creencias católicas su rechazo a la pena de muerte, pero fue acusada de oportunismo por acelerar el proceso con vistas a la próxima audiencia que tendrá con el Papa y de su visita a España.
Sus oponentes alegan que la presidenta trata de ganarse el favor de la influyente Iglesia Católica filipina frente a las acusaciones de fraude electoral y las peticiones de la oposición para que dimita.
El Arzobispo Fernando Filoni, nuncio apostólico para las Filipinas y que atendió la ceremonia en la que se rubricó la ley que ponía fin a la pena capital, aclamó la medida de la administración de Arroyo al decir que la abolición "muestra que la cultura de la vida está viva y es importante".
corredor de la muerte La firma del documento supone también la salida oficial del corredor de la muerte a centenares de presos, entre ellos Francisco Larrañaga, el joven de origen guipuzcoano condenado a la pena capital por un caso de secuestro y asesinato ocurrido en 1997.
Aunque la familia de Larrañaga afirmó que se alegraba por la abolición de la pena de muerte en Filipinas, también indicó que lo que busca es justicia, al asegurar que Francisco es inocente, mientras criticó las supuestas irregularidades cometidas en su juicio.
Larrañaga, en el corredor de la muerte desde 2004, ha asegurado en varias entrevistas que es inocente y afirma que la condena contra él es resultado de un complot.
También la Unión Europea celebró la decisión de Macapagal a través del el presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, René van der Linden, quien mostró su "alegría" por la decisión. >efe
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