Editorial
Duro, largo y difícil
UANDO todavía se estaba gestando la situación de alto el fuego, ya algunos de los implicados venían advirtiendo que el proceso que se pretendía abrir iba a ser "duro, largo y difícil". Tanto
Zapatero
como
Otegi , por citar protagonistas, hicieron esa advertencia. Y no se equivocaron. No es difícil intuir que tanto en la izquierda abertzale histórica como en la propia ETA haya sectores disconformes con un proceso en el que no es posible apuntalar garantías, en el que las reivindicaciones políticas deben quedar rigurosamente desvinculadas de la total desaparición de la violencia. De ahí que, aún sin haberse iniciado técnicamente el proceso de paz y normalización, se constaten brotes de kale
borroka, impaciencias, maximalismos y, sobre todo, desconfianzas que transmiten el desánimo a una sociedad que comienza a desilusionarse. Pero la mayor virulencia, la apuesta explícita por el fracaso del proceso, se está comprobando en un PP absolutamente resuelto a malograr la iniciativa de Zapatero, a quien acosa hasta el agobio. Son conscientes de que si acierta en su apuesta, el futuro de la derecha heredera de
Aznar , presidida por
Rajoy pero alimentada de radicalidad por
Acebes y
Zaplana , quedará desplazada y sin posibilidades de recuperar el poder en mucho tiempo. En este empeño, vale todo. Vale, por supuesto, echar mano de la política antiterrorista aunque sea contra todo sentido de la ética y de los compromisos firmados. Vale desear fervientemente que ETA vuelva a lo suyo, que se aireen cartas de impuesto revolucionario que nadie ha visto y que la kale borroka campe por las calles vascas. Vale que medios de comunicación como
El Mundo ,
La Razón , la
COPE , por citar los más conocidos, ni siquiera disimulen su cruzada y mientan, manipulen, acusen sin pruebas, provoquen, insulten y amenacen. Vale azuzar a jueces y fiscales adictos, vale publicar detalles de sumarios supuestamente secretos, vale manipular obscenamente a las víctimas del terrorismo, vale poner de pantalla a foros y colectivos que perdieron su sentido y su dignidad; todo, vale todo, con tal de que el proceso no avance. Iba a ser duro, largo y difícil, ya lo estamos viendo. Quizá lo peor esté por llegar, pero hay que confiar en que nadie podrá evitar la paz que desea la inmensa mayoría.