
c UANDO se habla de Ordenación del Territorio se piensa de forma casi inmediata en las figuras legales de Planeamiento Territorial (DOT, PTP, PGOU) y Sectorial (Infraestructuras, Medio Ambiente, Localización de actividades, etc.), y no se tienen en cuenta las normas legales que enmarcan estos instrumentos de planeamiento, como es el caso de la Ley del Suelo o el cuerpo normativo ambiental vigente. Los autores de la Ley del Suelo la califican de sostenible y deja mucho que desear en materia de sostenibilidad pues no ataca ni de lejos, el problema de la especulación y de la burbuja inmobiliaria.
De la misma forma, también tienen un papel destacado en la ordenación territorial los agentes públicos o privados que ejecutan las determinaciones del Planeamiento y aprovechan los recursos. Especialmente en el caso del planeamiento territorial, y en las normativas sectoriales, es donde contienen determinaciones que, casi exclusivamente, presentan un carácter "regulador" y, por tanto, su materialización queda condicionada a la intervención de estos agentes ejecutores. El Grupo de Ordenación y Gestión del Territorio y sus Recursos del PEP de Eusko Ikaskuntza constató la falta de liderazgo del sector público en las mejoras de la eficiencia y eficacia de las políticas y las débiles o nulas cooperaciones transversales de las administraciones públicas en materia de desarrollo sostenible. En concreto, en aquellas políticas que se refieren a los sectores: energía, industria, transporte, edificación y sector primario. Unido a ello, y por mucho que manifiesten lo contrario, se constata que existe también un bajo nivel de voluntad y compromiso real de los políticos con el desarrollo sostenible. Obras son amores y no buenas razones.
Por otra parte, también existe una gran dificultad para contrarrestar las tendencias insostenibles y alcanzar la visión que ofrece el desarrollo sostenible en materia de ordenación y gestión del territorio y sus recursos. Para que ello ocurriera debería producirse una actuación urgente, con visión prospectiva que se anticipe a los acontecimientos, un liderazgo político con compromisos claros y amplias miras, un enfoque nuevo de carácter sostenible real en la formulación de políticas y una coordinación administrativa en su aplicación (política transversal).
También se requiere impulsar una profunda reflexión social sobre los cambios que demanda el nuevo paradigma emergente y que consiste en caminar hacia una economía de bajo consumo de carbono (hidrocarburos fósiles). Debemos asumir el hecho de que debido a la estupidez humana (actuación de la que somos también partícipes), las probabilidades de que nos encontremos, en no muchos años, con la irreversibilidad del cambio climático cada vez son mayores. La probabilidad de que ocurra un cambio climático abrupto que nos llevaría hacia una glaciación también crece. Si no queremos luego tener que pedir milagros que no mereceremos, lo mejor sería que también nos preparásemos, con antelación y cuanto antes, para soportar el eventual cambio climático que se nos avecina. Para ello, deberíamos también fomentar la educación en clave DS y mejorar la movilización y la participación de la gente en la toma de decisiones.
jgabina@swpi.org
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